Zombies, seguramente cuando escuchas esta palabra te es inevitable pensar en seres recién salidos del inframundo pudriéndose y en un estado realmente lamentable, protagonistas de grandes series como The Walking Dead o In The Flesh, pero nada más lejos de la realidad.

Estos tan poco adorables “seres” tienen mucho que ver con los ritos y fiestas de lo más profundo de Haití. Tribus que aún a día de hoy creen en el poder del trance y de los espíritus que consiguen devolver a la vida a sus seres queridos. Según Wade Davis, antropólogo, botánico y etnólogo de Harvard la culpable de este estado podría ser una neurotoxina poderosa que bloquea las terminaciones nerviosas, provocando un estado de “zombificación”. Pero…¿cómo?, todo se debe al uso de un brebaje de tetrodotoxina que se encuentra en el pez globo y que según Davis utilizan en sus ritos algunas tribus africanas.

Un género cinematográfico que no dista mucho de la realidad

Películas y series que han convertido a los zombies en todo un éxito, consiguiendo romper taquillas y dar demasiadas alegrías a productoras y cadenas de televisión, pero aunque pueda parecer increíble el género zombie es más habitual de lo que pensamos. Si echamos un vistazo a nuestro alrededor seguro que vemos más de uno, pero fuera de nuestro “entorno” existe lo que los psicólogos y psiquiatras denominan: síndrome de Cotard. Una enfermedad mental que provoca que la persona que lo sufre sienta que ha muerto, que no existe, que su alma le ha abandonado. Su cuerpo ya no es suyo y, por lo tanto sienten sufrir un estado de podredumbre, llegando a sentirse conscientes de que han perdido uno o más órganos vitales o, incluso, toda la sangre.

Los pacientes que sufren este síndrome tan raro tienen el sentimiento de no estar vivo que hace perder el contacto emocional con el mundo y consigue alterar la percepción del enfermo, provocando comportamientos suicidas, ya que al estar “muertos” nada cambia si ponen en peligro su vida, debido a que se consideran inmortales. Hoy en día se han identificado pocos casos de este síndrome que no dista tanto de la realidad cinematográfica.