Seguramente ha llegado a tu muro de Facebook o a tu propio Whatsapp un vídeo en el que se muestra el proceso de creación de unas hojas de lechuga realizadas con cera. Segura también que viste asombrado el vídeo creyendo el titular con el que te lo vendían: “Así hacen las lechugas en China que nos comemos”.

El clip ha corrido como la pólvora, dado que la gente se ha escandalizado al ver el supuesto proceso de creación de un producto presuntamente natural, que podría tener nocivas consecuencias en nuestro organismo. Eso sí, para ello primero debes adquirir una de ellas, que no es precisamente barata, y acostumbrarte al sabor de la cera, material con el que están hechas. Y, por último, pasar por alto que estas obras de arte son, precisamente eso, esculturas realistas y no comestibles. Algo que prefirieron no comentar para viralizar el vídeo, que ya cuenta con más de 8 millones de reproducciones, la mayoría en esta semana, a pesar de haberse publicado en 2014.

Pero las incongruencias de este caso no terminan aquí, a pesar de que aún son muchos los que siguen dando por cierta. El vídeo engancha. Ver las habilidades de un ‘cocinero’ con dos sustancias pringosas de color verde y blanca, que mezcla en agua para que solidifiquen y adopten una apariencia similar al citado vegetal, es hipnótico. Además, el artista no se conforma con crear hojas de lechuga, sino que también les da forma para componer una lechuga en sí, muy realista y que bien podría pasar por auténtica, si no fuese por el pequeño detalle de que son de cera y suponen una escultura hiperrealista y no un comestible.

“Así fabrican los chinos las hortalizas”, vendían. Ahora bien, ni son hortalizas de verdad, ni los creadores son chinos, sino japoneses. Por si esto no fuese esclarecedor por sí mismo, continuamos diciendo que, por mucho que se empeñen, el vídeo no ha sido filmado en una fábrica dedicada a reproducir hortalizas en masa a partir de extrañas sustancias que ponen en riesgo la salud, sino en un taller donde se impartía un curso de réplicas de comida. Un taller conocido como ‘fake food‘ (comida falsa), con lo que el engaño no tiene cabida aquí.

Nos encantan los virales, pero si se sustentan en algo real mejor.