Muchas veces, los sueños se pueden hacer realidad. Siendo una niña, a Iris Scott le contaron eso de que ganarse la vida a través del arte era algo imposible, casi morirse de hambre. Así que, ni corta ni perezosa se licenció como profesora en arte clásico, a caballo entre Florencia y la Universidad de Washington, antes de irse a Taiwán en el año 2009. En ese momento, decidió emigrar a un país que le permitiera dedicarse por completo a la pintura. Y fue allí donde, entre lienzo y lienzo, descubrió que los dedos podían sustituir sus pinceles y que sus obras podrían ser algo bastante interesante.

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Sus cuadros parecen traer a la memoria las pinceladas de los impresionistas. Si Paul Signac hubiera descubierto que tenía diez posibilidades técnicas en sus manos, no hubiera llevado su experimentación artística al puntillismo. Aunque nunca se sabe. Los dedos son un arma de doble filo. Debido al grosor de los mismos,  es muy difícil conseguir detalles que los pinceles sí permiten. Sin embargo, para Iris los detalles son capaces de absorber tiempo y energía del artista y la mayor ventaja de pintar al dedo es que tiene más de un punto de contacto en el lienzo.

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Para llevar a cabo su proceso creativo, primero tiene que captar nuevas ideas. Como es una apasionada de los viajes, cada dos meses deja Seattle para ampliar su creatividad y empaparse de nuevas sensaciones. Sus cuadernos y su cámara de fotos siempre están listos para descubrir nuevos horizontes que poder plasmar sobre el lienzo.

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Los guantes de látex y los pigmentos siempre están listos en su estudio. La fiebre de la pintura al dedo es tal que ha creado una pequeña escuela donde enseña todo el proceso a los estudiantes de arte. Además, cuenta con una radio en la que sintoniza su emisora favorita para cantar o bailar mientras pinta y enseña. Revelar lo invisible, a través de todas las expresiones del artista, es lo más importante para esta pintora. Y la música es parte de ese proceso.

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Para Scott, la disciplina es parte del proceso de consagración del artista. Cada día hay nuevas cosas que aprender y la mejora en la técnica se adquiere con la práctica diaria. Cuanto más mejora un artista, más vende, y cuanto más vende más dinero adquiere para mejorar, a su vez, la calidad del proceso artístico que desarrolla. Y no sólo la disciplina es importante, también lo es la humildad. Dejar que otros sean los que descubran tus cualidades, que te orienten y tener en cuenta las opiniones de los que ya tienen experiencia en el mundillo es vital para todo el que se inicia en el arte. Y adaptarse a los cambios que surgen en el mundillo, también.

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La Cole Gallery en Seattle, el Adelman Bellas Artes de San Diego o el Horizonte Fine Art de Wyoming han acogido las obras de esta curiosa artista. Estaremos atentos a sus nuevas creaciones.

Fotos de Iris Scott