Cuando la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España decidió construir su estación terminal en la capital de reino, nunca pudo imaginar que ese edificio daría un giro de 180 grados a su función original. Durante el siglo XIX las comunicaciones ferroviarias se extendieron por todo el país. El auge se debió principalmente a la necesidad de tener un contacto directo entre las ciudades del Norte de España, con un alto desarrollo siderúrgico muy necesario para el resto de provincias españolas, y la capital, a través de la cual el comercio de productos de todos los lugares del país convergían y se redistribuían gracias a esa incipiente red de comunicaciones.

La conocida como Estación del Norte quedaría inaugurada en 1882. La frontera francesa quedaba así unida a Madrid a través de la estación situada en Hendaya. La circulación de pasajeros y de mercancías fue un hervidero constante, como también ocurriría con otras estaciones de trenes construidas por sus mismas fechas. Junto a Atocha y Delicias, la Estación del Norte se convertía en la expresión del desarrollo económico y social de la época a nivel nacional, así como de un vanguardismo arquitectónico que llegaba a través de la conocida como Arquitectura del Hierro, a través de edificios construidos en hierro, hormigón y cristal.

La primigenia Estación del Norte fue obra del equipo arquitectónico dirigido por Auguste Biarez, cuyo ingeniero de obras Eugène Grasset contó con la ayuda inestimable del arquitecto francés Ouliac. Éste último fue el encargado de dar la apariencia física la estación. Cabe destacar que a excepción de la estación de Atocha, que contó con la figura del arquitecto español Alberto de Palacio, y la Estación del Norte de Valencia, las principales redes ferroviarias así como las estaciones de ferrocarril construidas en la Arquitectura del Hierro tienen autoría francesa. Por lo que no es extraño que la cubierta de cuarenta metros de luz de la Estación del Norte fuese encargada pieza por pieza a empresas francesas y belgas.

La Estación del Norte estuvo operativa como estación de ferrocarril hasta el año 1993. A partir de ese año, gracias a la llegada de los trenes de Alta Velocidad, se decidió relegarla a un uso secundario como parte de la red de transporte regional de trenes de la Comunidad de Madrid y como parte de la red de Metro de la capital. Y es a partir de aquí cuando la historia toma un vuelco de 180 grados.

A partir de esas obras de remodelación, la Estación del Norte pasó a llamarse Estación Príncipe Pío. Su nueva función como intercambiador de transportes se vio ampliado con la remodelación del edificio de viajeros, que sería convertido en centro comercial entre el 2000 y el 2004. Ahora es el edificio principal el que, tras seis años de trabajos, ha sido convertido en un teatro para el disfrute del público de la ciudad de Madrid.

En un principio, se pensó en la posibilidad de convertir este espacio en un centro cultura. Tras años de incertidumbre y de cambio de dueños, el proyecto de convertirlo en un teatro ha llegado gracias a la figura del productor teatral Luis Álvarez junto a sus socios Santiago Segura y José Mota.

Las labores de remodelación han tenido óptimos frutos. El estudio EOS Arquitectos ha sido el encargado de la restauración y la creación del teatro. Con un espacio para albergar 1200 butacas, el teatro también está pensado como sala de conciertos, además de contar con un restaurante en su planta alta. El sótano del edificio se utilizará como sala de fiestas, complementando así su función de ocio y cultural.

Todo el conjunto está catalogado como edificio “singular”. Las labores de recuperación de elementos como la escalera imperial, forjada en hierro, han requerido la autorización y supervisión de Patrimonio Histórico Nacional, así como los ascensores originales, las taquillas, las lámparas del teatro o el cortavientos de la entrada. La fachada exterior ha sido recuperada en su totalidad. Sin embargo, la cubierta del tejado ha tenido que ser totalmente reemplazada y se ha vuelto a revestir de pizarra, como así constaba en sus inicios.

No te pierdas esta primavera el que va a ser el lugar de visita obligada para los madrileños, ni ninguna de las ofertas del Teatro Bankia Príncipe Pío: ni su teatro, ni su restaurante, ni su sala de fiestas. Y, ante todo, por visitar uno de los edificios históricos de la capital.