Con la llegada de la imagen digital el concepto de color pasó a medirse a través de los llamados píxeles. Un píxel se convertía así en el menor elemento homogéneo de color que combinándose entre sí daba lugar a una imagen. Cambiaba así el concepto artístico del color que se enriquecía con la llegada de los programas informáticos aplicados a la pintura y el diseño. Mucho ha llovido desde entonces y los píxeles forman parte de nuestro día a día, llegando para quedarse.

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Un artista taiwanés ha ido un paso más allá y ha incorporado el mundo del píxel al de la escultura. Utilizando materiales como el barro y la madera, Hsu Tung Han crea verdaderas obras píxeladas en tres dimensiones. Las posiciones y posturas de los personajes varían considerablemente al igual que el tamaño de la representación, que puede ir desde el simple busto hasta la totalidad del cuerpo. Pero todas ellas tienen en común el parecer estar componiéndose o descomponiéndose a través del pixelado.

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Con ello el autor puede estar haciendo una crítica feroz al uso excesivo de la tecnología en la vida cotidiana, que los países asiáticos desarrollan con tanta facilidad y les hace perder el sentido de la realidad terrenal y humana. También esa crítica va dirigida a la invasión digital de todos los programas informáticos que sirven para mejorar las imágenes en general y llevan a desvirtuar la realidad creando otra que no tiene nada que ver con lo que es tangible y humano.