La remota isla de Japón ha practicado siempre un carácter un tanto aislacionista con el resto del continente asiático. La peculiaridad de su geografía, formada por cuatro islas volcánicas en constante actividad, hizo que hasta que no tomara contacto con sus países vecinos no asimilara conceptos artísticos, estéticos y filosóficos ya desarrollados y extendidos que luego supo reinterpretar y adaptar con total maestría.  Sólo hay una manifestación escultural que es característica de esas latitudes y que fue creada y desarrollada por los japoneses: la cerámica.

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Este noble arte será desarrollado hasta sus máximas consecuencias, con un refinamiento, una delicadeza y un amor por el detalle que nunca se ha visto antes en la historia del arte. Es por ello que la escultura sea una de las artes preferidas y más queridas y que siempre aparezca ligada a la naturaleza. Esta temática será muy recurrente entre los artistas ya que la religión sintoísta, la nativa y primigenia de los pobladores de estas tierras, sigue aún muy viva entre sus habitantes.

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El sintoísmo hunde sus raíces en la noche de los tiempos, cuando las tribus nativas empezaron a venerar a los kami o espíritus de la naturaleza, del cielo y de la tierra, que habitaban en todas partes y ostentaban un poder suprahumano para dirigir los vientos, las aguas, la tierra, según su voluntad. De esta auténtica devoción a la naturaleza surgió la necesidad de representar la esencia de las cosas, aquello que posee todo objeto pero que no puede ser visto y solo puede ser sentido. La esencia mínima de las cosas es la base de esta ancestral cultura y la artista Hitomi Hosono lo ha representado con la máxima precisión.

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Nacida en la ciudad de Kanazawa, Hosono estudió artes en este mismo lugar. Los denominados Alpes Japoneses rodean imponentemente la zona este de la capital de la prefectura de Ishikawa mientras que al oeste es el Mar de Japón quien baña sus orillas. Este contacto con la naturaleza es la base para la comprensión de sus esculturas, tan llenas de vida por sí mismas. Posteriormente decidió completar su formación académica realizando un curso de diseño cerámico en Dinamarca para terminar instalándose en Reino Unido, donde reside actualmente, para realizar una especialización en vidrio y cerámica. Será aquí donde tome un contacto completo con la tradición europea ceramista que después fusionará con la tradición japonesa.

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Su temática principal entronca con su sintoísmo natal y se basa en el estudio de formas orgánicas botánicas. En primer lugar, investiga a cerca de la planta en cuestión, un trabajo de observación y acercamiento táctil para descubrir las texturas y sensaciones que alberga. El siguiente paso es un boceto completo donde poder plasmar todo ese proceso previo y poder indagar en los detalles más minuciosos y recónditos. Por último, el trabajo que requiere mayor cuidado y paciencia es darle forma a la cerámica y conseguir esa sensación de realidad y de ser un objeto con vida que solo Hosono sabe imprimirle.

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Sus obras no pasan desapercibidas, tanto por el trabajo entre bastidores que se vislumbra como por el acabado final tan sorprendente que consigue. Esculturas de formas naturales que tienen vida propia, que no son indiferentes ante los sentidos de quienes las observan y que con ellos conseguimos advertir la dedicación, el cariño y la perfección de una artista consagrada por completo a su obra.