“Tu arte es tu práctica chamánica”. Cuando Dashi Namdakov enfermó gravemente a la edad de 15 años, el doctor que le atendió le explicó que los espíritus le habían elegido para ser un chamán y que su manera de comunicarse con ellos y expresar sus deseos sería a través del arte.  Aunque él sólo era un adolescente, había sentido la necesidad de convertirse en artista desde su más tierna infancia. Puede que en el momento de su enfermedad, los espíritus se manifestaran para marcarle cuál era el camino a seguir y que no debía abandonar para acometer su misión de vida. Y no se han equivocado para nada.

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Nacido el 14 de febrero de 1967 en Ukurik, en la región siberiana de Chita, Dashi aprendió a observar la naturaleza y transformarla en imágenes. Su padre era un escultor que realizaba iconos de madera para los monasterios del pueblo donde vivían. A pesar de que todos sus hermanos habían aprendido el oficio del padre, sólo Dashi fue enviado a un internado para formarse profesionalmente como artista. Después continuó sus estudios hasta graduarse en Bellas Artes en el Instituto de Krasnoyarsk, donde recibió clases de importantes artistas rusos como Yuri Ishkhanov o Eduard Pakhomov. Pero sería en Buriatia donde se interesaría por las artes gráficas y empezaría a crear sus primeras obras escultóricas.

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En el año 2000 realizó su primera exposición que llegó a ser todo un éxito de público. Ello le valió el ingreso en la Unión de Artistas Rusos. La mayoría de sus colecciones podemos encontrarlas en importantes museos y galerías de Moscú, San Petersburgo, China, Taiwán, Nueva York, Francia, Bélgica, Alemania, Suiza, Japón, Estados Unidos e Inglaterra. Una de sus últimas exposiciones, celebrada en Londres en 2012 recogió 45 esculturas, dibujos e ilustraciones, resultó ser de las más aclamadas de ese año.

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El concepto de belleza de sus obras radica en la noción de armonía de todos los elementos que conforman el Universo.  A su vez, todos esos elementos están en continuo cambio y transformación. Hay seres vivos  que se convierten en animales, plantas, flores… siguiendo el principio tibetano y chamánico de la muerte y reencarnación, donde el Universo está en perpetua alteración.

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Sus principales personajes son princesas, guerreros, criaturas imaginarias… que se recogen en  las leyendas de la antigua Asia nómada, desde la época de los escitas, sármatas y hunos hasta las tribus que habitaban las estepas rusas de los siglos XII y XIII d.C.  Las esculturas están realizadas en bronce, plata, oro o cobre pero destacan los pequeños ornamentos en piel, madera, crin de caballo, piedras preciosas o marfil, donde demuestra sus dotes como joyero.

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Sus obras resultan así una mezcla de criaturas míticas, figuras totémicas y representaciones legendarias resucitadas en el presente con un tratamiento más moderno o actual. Desde su taller, con sede en Moscú, están a punto de emerger sus nuevos proyectos para Kazajistán, Buriatia, Pekín y Londres que no dejarán de sorprender al público que las vaya a visitar.