Miradas perdidas, olvidadas, recuerdos de una nostalgia confundida, esa es la obra del fotógrafo bonaerense Javier Chambi. Sentimientos que duelen, retratos que nos gritan y hablan a través del objetivo de la cámara. Imágenes que a través del acto de tomar el cuerpo, y modificarlo como un elemento artístico, dan como resultado una obra que nos transporta al ser y no ser. A la eterna duda del qué somos y para qué estamos.

Una obra que gracias a la fusión de líneas y trazos con la propia imagen del retratado consiguen provocar en el espectador la distorsión de la realidad y lanzarnos a buscar ese “algo”. Un fotógrafo que ha sabido transportarnos a un mundo en el que no estamos acostumbrados a estar, por eso y por mucho más, Malatinta hoy habla con Javier Chambi.

¿Quién es Javier Chambi?

Javier es uno de los tantos fotógrafos que busca dar a conocer su trabajo a la mayor cantidad de personas posibles.

¿Por qué la fotografía?. ¿Qué significa para ti?

La elegí por su inmediatez. Antes de inscribirme en la Escuela de Arte de Las Palmas de Gran Canaria había pensado en Bellas artes, pero no lograba verme tanto tiempo estudiando. Mi escasa paciencia y la inmensas ganas de trabajar me han empujado al empleo de la cámara como un instrumento catártico para purificar cargas emocionales en imágenes fotográficas.

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¿Recuerdas el momento en el que cogiste una cámara por primera vez?

Una Konica Pop de 35 mm fue la primera cámara que tuve. Con ella realizaba únicamente fotos de reuniones y viajes familiares. No fue hasta los 23 años que descubrí en mis manos una poderosa herramienta de expresión.

 ¿Cómo definirías tu obra?

Sé que mis obras no son fáciles de digerir, veo que a las personas les impacta visualmente, pero eso me atrae. Me gusta que se detengan, indaguen y se muevan alrededor de ella. Eso es lo que me cautiva cuando asisto a una exposición. No me atrae la pasividad, quiero la participación en la percepción del espectador. Es por esta razón por la que suelo acercarme y ver su reacción o escuchar sus comentarios. Esto me es útil para descubrir cosas, que muchas veces, por mi proximidad con la obra, no logro distinguir. Durante esos encuentros he recibido opiniones que definen mi obra como surrealista u oníricas, y a pesar de que aún me cuesta catalogarme, creo que mis trabajos se acercan más al marco expresionista, ya que esas imágenes son conscientes, no son visualizaciones de sueños, salen de mí, y yo soy un ser real, y el que está en esa foto también es real porque es una proyección mía.

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Nos comentas que has estado en hospitales y clínicas. ¿Qué han supuesto para ti y para tu fotografía estas experiencias?

Tuve la experiencia de haber pasado entre los ocho y los catorce años por distintas intervenciones quirúrgicas. Esa vivencia, la del dolor físico ha sido la que influyó en mi  interés artístico por el cuerpo humano. Inicialmente dibujándolo, luego llegó la fotografía e intuitivamente el autorretrato como herramienta de reconocimiento y la aceptación de mí mismo.

Tus trabajos se centran en un retrato que poco a poco se pierde en la oscuridad. ¿Por qué la pérdida de la figura humana?

Más bien ha sido al revés. En mis últimos retratos he logrado que, de la oscuridad, trascienda la figura humana y con ella su luz.  Esto se debe a que estoy estudiando de nuevo a Rembrandt y Caravaggio, artistas que no me dejan de sorprender por su control sobre la luz y la oscuridad.

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Nos comentas que en un momento de tu vida sentiste como la imagen que te devolvía el espejo no te correspondía, que había una cierta desconexión con el y tu espíritu. ¿Cuál fue la manera de volver a sentir esa conexión perdida?

Fue un trabajo que duro años, tanto en el plano artístico como en lo personal. La acción de haberme retratado durante tanto tiempo, enfrentándome a todas esas heridas mal curadas, me ha servido para lograr una nueva conexión conmigo mismo. No ha sido fácil, pero gracias a esos pasos dados en el autorretrato, esas heridas han cicatrizado y con ello he conseguido fortalecerme.

En todos tus trabajos vemos el peso tan enorme que ejerce la emoción en cada uno de ellos. ¿Son reflejo de vivencias y experiencias personales?

Creo que toda creación que brota de nuestras manos es un autorretrato. No se puede desligar o borrar la historia que hay en uno. En mis retratos de otras personas veo mi reflejo.

¿Cómo te enfrentas a cada sesión?

Cuando trabajo con modelos suelo citarlas previamente para establecer un puente entre ambos. Me gusta saber de ellos, y que ellos sepan sobre mí. Me es vital una aproximación a nuestras personalidades, no solo para la comodidad de ambos durante la sesión, sino porque esa influencia dejada en mí, destella en la imagen terminada.

Cuando tienes frente a ti un nuevo modelo, ¿tienes claro lo que vas a realizar, lo llevas preparado, o dejas volar la imaginación en el momento?

Soy muy meticuloso a la hora de trabajar, no dejo nada librado al azar. En las sesiones con modelos llevo unos dibujitos que realizo con las posturas y expresiones que busco. Esa tarea previa no solo me facilita el trato con los modelos, sino que me ahorra tiempo en las sesiones.

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Desde hace unos años pasamos por la peor situación a la que la cultura se ha enfrentado nunca. En un momento en el que ser artista es complicado, ¿piensas que las galerías apuestan por nuevos artistas o no se arriesgan?

Hay una situación de dualidad. Por un lado es cierto que nos enfrentamos a galerías que no se atreven a cobijar a nuevos artistas, experiencia que es muy importante para el autor, porque es ahí donde él aprende, cometiendo errores y viendo los resultados, pero hay que reconocer también que las crisis son muy positivas para la creatividad. No tengo dudas de que esta situación está gestando un conjunto de artistas que reinventara su visión en la forma de concebir y de presentar su arte. Esto es algo que veremos con el tiempo. Como artista emergente, sigo presentando mis trabajos a galerías, pero sé que hay otras puertas. Lo importante es no parar de trabajar y acercar por otros medios mis trabajos a las personas.

Para terminar la entrevista, no nos gustaría irnos sin saber, ¿qué nos espera de Javier Chambi?

 Que continuará investigando, aprendiendo y disfrutando de su trabajo.

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