Año 2005. Un anuncio de una conocida marca de bebida trasladaba al espectador al pueblo madrileño de Mejorada del Campo. Hasta ese momento había pasado desapercibido de la geografía española hasta que un habitante, Justo Gallego, decidió levantar él solo una imponente catedral para esta pequeña aldea. Una promesa a la Virgen fue la causa por la que este sencillo mejoreño se puso manos a la obra para realizar una de las construcciones más fascinantes que se hayan visto nunca. Incluso los materiales que emplea son novedosos y reciclables. Algunos le han tachado de loco, otros de genio, pero lo que es indudable es la capacidad creativa de este anciano constructor que movido por un sueño lo ha hecho realidad. Y esperamos que pueda verlo acabado. Si de algo se puede estar seguro es que si Justo Gallego hubiese nacido en Estados Unidos o Canadá pocos hubiesen dudado de su buen hacer y su voluntad creativa. Algo parecido fue lo que ocurrió hace unos 37 años en el país de la hoja de arce.

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En la Isla del Príncipe Eduardo, situada en Canadá, se puede encontrar una construcción un tanto peculiar. Bautizada en honor al cuarto hijo del rey Jorge III de Inglaterra, quién sería duque de Kent y el padre de la futura reina Victoria del Reino Unido, esta isla está situada al norte de Nueva Escocia y su principal fuente de ingreso es la agricultura, la ganadería y el turismo, gracias a sus extensas playas y sus campos de golf. Pero fuera del bullicio turístico y situada en una zona más aislada y cercana al cabo Egmont se encuentra una casa cuya construcción tiene una bonita historia entre bambalinas que contar.

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El artífice de esta original obra es Edouard Arsenault, un habitante de la isla cuya familia se instaló en el lugar allá por el  siglo XVII procedentes de Francia. Corría el año 1979 cuando su hija le envió una postal con un bonito castillo de cristal situado en Vancouver. Tanto le sorprendió esa imagen que durante ese mismo verano Arsenault empezó a reciclar botellas de cristal para llevar a cabo su empresa.

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Cierto es que Edouard se había jubilado en el mismo año en que había recibido la postal y que contaba con todo el tiempo del mundo para poner en marcha su idea. Durante todo el invierno vació y limpió botellas y cuando llegó la primavera empezó a construir la primera casa de cristal  realizada con botellas de vidrio. A medida que avanzaba la obra los curiosos de la zona se acercaban para observar qué estaba pasando y le animaban a continuar y finalizar su obra.

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La casa de cristal es una verdadera obra de construcción realizada con hormigón y vidrio, entre  1980 y 1984. Ese pequeño sueño de poder realizar su propia casa de cristal contó con la inestimable ayuda de parientes, amigos, vecinos e incluso restaurantes, tiendas y supermercados que donaban las más de 25.000 botellas de vidrio con las que se construyó.

El recinto donde se halla alberga cinco edificios construidos que representan la propiamente dicha casa, una capilla, un bar, una botella gigante y un florero que fue creado por Lucie Bellemar. El resultado de todos ellos fue espectacular, no sólo por el trabajo, el esfuerzo y el interés tanto de Arsenault como de sus allegados, sino también por la idea tan original de crear un edificio reciclable y cuyo interior y exterior sorprenden a todos. Además, esta iniciativa supuso la llegada de gran cantidad de visitantes y turistas a la zona que contribuyeron a dar vida y aumentar los ingresos económicos en este pequeño emplazamiento. Incluso se realizó una nueva construcción adyacente, también construida con los mismos materiales, para incorporar una tienda de regalos y souvenirs realizados en arena, vidrio y otros materiales reciclados.

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Una curiosa, original y bonita iniciativa que gracias al esfuerzo de todo un pueblo ha podido ver la luz y formar parte de la historia de este lejano pero encantador lugar. ¿Ocurrirá lo mismo con la catedral de Mejorada?