Costa del Pacífico. Distrito de Nosara, Costa Rica. En el país más “verde” del planeta y muy cercano a la playa surfista de Guiones se levanta una construcción denominada K House. Un joven abogado de San Francisco encarga al estudio de arquitectura Datum Zero la construcción de una vivienda localizada en las montañas y próxima al mar, para poder practicar su afición favorita. Un doble desafío se plantea a la hora de ejecutar la edificación: por una parte, la dificultad del terreno, en uno de los lugares más montañosos del mundo; por otra, un presupuesto modesto para llevarlo a cabo.

A la hora de planificar el proyecto, y debido al interés de este joven abogado por la arquitectura moderna, el equipo de arquitectos organiza la construcción en torno a tres premisas: adaptabilidad, honestidad y mimetización con el entorno.

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Partiendo de una planta rectangular, el edificio se constituye como una estructura horizontal que por un extremo toca el suelo y por el otro se encuentra suspendido sobre columnas de acero para salvar el desnivel del terreno. Estas columnas se encuentran integradas y mimetizadas con el entorno, fundiéndose y mezclándose con los troncos de árboles que rodean la vivienda y forman parte del paisaje. Por otra parte, una zona a modo de torre se apoya en esta estructura horizontal y gracias a los grandes espacios en los que está organizada permite un contacto pleno con la naturaleza que rodea el conjunto y, a su vez, servir de zona de meditación y retiro para los habitantes. Una escalera exterior conduce a la terraza superior que permite observar unas sorprendentes vistas hacia la playa de los Guiones para comprobar que las condiciones climáticas son óptimas para practicar surf.

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Debido a los cambios bruscos de temperatura y clima durante todo el año que se dan en esta región, la casa se debía adaptar perfectamente tanto a las condiciones del terreno y al entorno que iba a formar parte. Ante un periodo de lluvias y humedad seguía otro de calor y sequedad ambiental, la vivienda se articuló como un respirador en medio de una colina pronunciada y rodeada de una densa masa de árboles. Para ello se emplearon una serie de materiales locales que permitían filtrar el sol, el agua y el viento. Así se seguía la tradición arquitectónica del lugar pero a partir de un proyecto moderno.

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Para que las paredes pudiesen absorber las variaciones climáticas se utilizaron paneles de teca que a su vez mantenían a los insectos fuera del recinto habitable. El conjunto mantiene una relación continua con el exterior a través de los amplios espacios interiores abiertos hacia la naturaleza y las terrazas superiores. El dormitorio principal es el único espacio que toca el suelo y soporta la torre de “meditación” que se recubre con láminas de acero que se dejaron oxidar para dar un efecto de antigüedad, de algo usado y olvidado y que enlaza con el espíritu de reflexión y recogimiento para el que ha sido creado el habitáculo.

La honestidad que se pretende en el proyecto se ve reflejada en la austeridad del presupuesto con el que se construye esta vivienda y en la utilización de materiales locales que no suponen coste adicional alguno.

Todo un ejemplo de casa de playa moderna costarricense construida a partir de un sistema modular de acero, paneles de teca que recubren las paredes al exterior, techos rasos de contrachapado y cerchas prefabricadas con sistemas tensiles. Una vivienda adecuada para amantes del surf.