Cuando los pioneros del Mayflower arribaron en las costas de América del Norte encontraron una tierra hostil habitada por unas tribus nómadas que se habían adaptado durante siglos a sus inclemencias. A pesar de las comodidades que habían llevado consigo desde Europa, tardaron en comprender que les servirían de bien poco. Si bien, la vida nómada requiere de cierta ligereza en el equipaje y los lujos no tienen cabida en ella. Pronto entendieron que los indios llevaban consigo lo justamente indispensable. Incluso sus tiendas de campaña, las famosas tipis, estaban articuladas con el fin de resultar ligeras en la marcha, fáciles de montar y adaptables a las inclemencias del tiempo, incluidas las lluvias y las nieves.  Pero, ¿qué relación puede haber entre estos tipis y Japón?

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Lo que ha hecho el arquitecto Issei Suma es un verdadero elogio a la arquitectura. Inspirándose en esas tiendas de los indios americanos, con esa peculiar forma cónica y ese acabado en punta, el japonés ha diseñado una casa que está a años luz de sus predecesoras. Levantando cinco estancias unidas entre sí, su planta irregular no tiene precedente alguno. Si, además, los clientes que solicitan esta construcción son dos señoras de sesenta años que exigen una serie de comodidades para hacer su estancia más cómoda según vayan siendo más ancianas, el resultado es una auténtica maravilla para jubilarse y quedarse allí para siempre.

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La estructura exterior está realizada en madera para integrarse en el entorno natural donde se ubica y también para facilitar esa forma tan peculiar que muestra. Verdaderamente, es en el interior donde sorprende. Comenzando por el salón, las paredes de hormigón descubierto le dan un toque mucho más moderno, que junto a las cristaleras semicirculares y los óculos de cristal de la parte superior, ofrece una mayor sensación de vacío y amplitud gracias a la luminosidad que penetra por ellos. La cocina sigue ese juego minimalista y moderno con una austeridad casi absoluta en decoración, resultando muy útil y funcional a su vez.

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La zona más sorprendente de este conjunto, sin duda alguna, es el baño. Un simple lavabo y un váter aparecen en uno de sus laterales quedando rezagados por una espectacular piscina central en forma de espiral. Esta curiosa construcción está pensada para poder acceder a ella en silla de ruedas. Además, el conjunto consta de una ducha justo en el lado opuesto del lavabo. Las vistas del paisaje que permiten los ventanales completan una estética ausente que deja el protagonismo a los elementos de utilidad.

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Con una vivienda como ésta, jubilarse está al alcance de las manos, sobre todo en una sociedad donde el respeto y veneración por sus mayores lo demuestran día a día e inculcan a los más jóvenes estos principios morales, donde los ancianos han sido los constructores de la sociedad actual en la que viven y su experiencia es vital para las nuevas generaciones.