La maquinaria del mundo del tatuaje cambia a toda velocidad. Los tatuadores son reconocidos a nivel mundial y adquieren una fama inimaginable años atrás. Ya no vale todo. Las redes sociales han acercado una de las artes más antiguas del mundo y, a su vez, más castigadas, catapultándola y transformándola en un auténtico objeto de deseo. Miles de mensajes en Instagram y agendas cerradas durante meses e incluso años completos, hacen de algunos tatuadores auténticos artistas por los que muchos matarían. Jeremy D lo sabe muy bien.

Con sede en Brisbane, Australia, la industria de la tinta le ha demostrado que la experiencia no es un grado y que con talento puede hacerse un hueco en un mundo tan competitivo como el del tatuaje. Dos años dedicados a formarse y practicar antes de lanzarse a la vida de un estudio han hecho que Jeremy D afianzara su trabajo y estilo, llegando rápidamente al radar de los apasionados de la cultura pop de todo el mundo.

El tatuaje no es cosa de maleantes

Retratos en blanco y negro en los que las líneas más limpias y los difuminados más raspados dan forma a estrellas de todos los tiempos que, inevitablemente, tienen algo que decir. Todos sus retratos tienes un nexo en común, una característica primordial, sus frases más míticas, comprometidas y divertidas se adueñan del tatuaje sin tapar y obviar a la persona que está detrás de ella.

Porque…¿qué mejor manera de recordar a alguien que por sus palabras?

Los bocetos tatuados de Nomi Chi

Dolor y arte: historia de la mujer y el tatuaje

Pony Reinhardt reinventa el tatuaje