Este mes, el fondo de MataTinta Magazine corre a cargo de una de las ilustradoras infantiles más importantes del momento. Una soñadora que no para de luchar por un sueño al que cada vez se acerca más con paso decidido. Su nombre es Guiomar González y su reto, ilustrar para los más pequeños.

Graduada en ilustración y con un amplia formación en el mundo publicitario, gracias a sus continuas incursiones como colorista. Guiomar hoy nos habla de su último trabajo Tritón, el niño de mar (Palabras de Agua), que ya está a punto de ir por su segunda edición y que el cual ha presentado recientemente en Madrid y Barcelona. Nos contará lo que supone para ella ser ilustradora y nos hablará de sus futuros proyectos. Una ilustradora tradicional que sabe y conoce a la perfección lo que se mueve tras los pinceles.

Nos encantaría conocer en qué momento se enciende la bombilla y te das cuenta que realmente quieres orientar tu carrera profesional al mundo de la ilustración.

Pues creo que cuando tenía 5 años (risas), aunque a esa edad poco sabes lo que significa la palabra ‘profesión’. En el cole me pasaba muchos recreos (y horas de clase), haciendo dibujos que me pedían mis compañeros. En casa me inventaba historias, garabatos y dioramas con los que luego jugaba. Así que creo que siempre ha sido algo hacia lo que mi vida ha estado enfocada.

Como nos has contado, empezaste Bellas Artes, pero más tarde te diste cuenta que lo tuyo era la ilustración ¿Crees que la universidad se ha quedado desfasada? ¿Qué buscabas en ella que no encontraste finalmente?

No lo sé, otros podrán juzgar eso mejor que yo. A fin de cuentas estuve dos años y hace mucho tiempo… El problema es que en aquel momento no tenía mucha idea del resto de opciones que tenía. Cuando estudiaba en el instituto no había Bachillerato Artístico, así que con formación prácticamente nula en artes y poco conocimiento del sector, no se me ocurrió otra cosa que la facultad. Y bueno, resultó no ser para mí. A día de hoy las universidades que forman en Bellas Artes no suelen tener una amplia formación en ilustración, por lo que para poderte formar más a fondo en ella tienes que matricularte en escuelas privadas.

¿Cuál crees que es el problema con el que cuenta la ilustración por el que no se le da la importancia que realmente tiene?

Pues no sabría qué contestar a eso. Más allá de que pueda ser un problema cultural, creo que debería de haber algo más de variedad en estudios artísticos universitarios, como hay en otros países, carreras dedicadas a ilustración, animación, etc.

Participaste en bastantes trabajos como colorista dentro del mundo de la publicidad. ¿Qué podrías destacar de esta etapa? ¿Tuviste la suficiente independencia creativa como para poder desarrollarte profesionalmente?

Bueno, cuando trabajas de colorista no tienes muchas posibilidades, aunque sí que intentas incorporar algo de tu cosecha, aportar algún detalle nuevo. Y esto está bien, te obliga a aprender cosas nuevas o que no estás acostumbrado a hacer y a veces a aprenderlas muy rápido. Gracias a ello he aprendido, al menos, una cosa nueva con cada proyecto, ya fuera publicitario, editorial, encargos personales o cualquier otra cosa fuera de la ilustración infantil.

Tus trabajos se caracterizan por un tipo de ilustración tradicional trabajada mediante diferentes sketches y pintada con acrílico para más tarde ser escaneada. Si pudieras poner en una balanza ilustración tradicional y digital, ¿por cuál te decantarías?

Depende del trabajo, claro. Para el tipo de proyectos que he comentado antes, la ilustración digital. Pero para mí y para la ilustración infantil me quedo, sin lugar a dudas, con lo tradicional. Para los libros infantiles creo que da una sensación más cálida, más cercana… es como si pudiéramos palpar la ilustración, no sé si me explico, los detalles de los trazos y los materiales. Es lo que a mí siempre me gustó como lectora.

Tras pasar por el mundo de la publicidad, decidiste que era el momento de centrarte en la ilustración infantil. Participaste en la serie Ilusionaria, ilustrando  el cuento El duende Kukulikú, con el objetivo de recaudar fondos para la asociación Matrioshka-Fons Mellaria para ayudar a niños afectado por el desastre de Chernóbil. Le siguieron ¿Dónde está mi caparazón? de Dolmen Editorial y Mudita de Kelonia Editorial, publicados en 2012, también con fines benéficos, ¿Cómo surgieron estos proyectos? ¿Sentiste la obligación de dar lo máximo de ti?

Pues surgieron a través de amigos comunes. Una amiga escritora con la que tenía otro proyecto en común me comentó que iba a participar escribiendo un cuento y me propuso participar ilustrándolo. Sabiendo que iba a servir para ayudar a niños víctimas de Chernóbil, ni me lo pensé. Ya he participado en tres ediciones, cada una enfocada a un proyecto benéfico distinto. Con cada libro intento dar lo máximo posible, pero estos cuentos sí que iban con especial cariño. Es muy gratificante pensar que con tu trabajo vas a ayudar a cambiar, aunque sea un poquito, la vida de otro ser humano y más de esos niños que tanto lo necesitan. Puede que tus libros gusten, emocionen… eso es maravilloso; pero, como en este caso, que alguien se acerque y te agradezca ese trabajo, es algo muy distinto.

Ahora estás totalmente centrada en la ilustración infantil. ¿Si tuvieras que reflexionar el por qué decidiste dirigir tu carrera profesional a los más pequeños de la casa que destacarías?

Pues en primer lugar, porque siempre me han encantado los cuentos y segundo, porque me parece que tiene muchísimas posibilidades. No sólo en cuanto a la técnica (que me gusta variar de un cuento a otro), si no a que puedes contar historias profundas, banales, tristes, locas, alegres… transmitir un montón de cosas de una manera creativa y bonita, a la vez que sencilla y simbólica.

En septiembre salió a la venta Tritón, el niño de mar (Palabras de Agua) que a día de hoy está siendo un éxito de ventas. Un cuento que era presentado bajo el eslogan “si deseas algo con mucha fuerza, puede hacerse realidad”. Nosotros desde MalaTinta nos lanzamos a preguntarte: ¿Has conseguido hacer realidad tus sueños?

Uf, aún queda mucho camino por recorrer, pero el hecho de haber encontrado el camino es la mitad del proceso. Lo demás es trabajo y tiempo… ¡eso bien lo sabe Tritón!. Aún así he de decir que terminar el año con dos libros publicados, el primero de ellos, precisamente Tritón – el niño de mar, con una muy posible segunda edición, es algo que hace un año ni podía imaginar. Así que las metas a corto plazo se van cumpliendo, sí.

Háblanos de tus próximos proyectos. Nos has contado que entre ellos hay un cuento para iPad, ¿crees que el futuro está ahí?

Pues lo próximo es un cuento de Navidad que está a puntito de salir. Se llama Pino-Palo (Cuadernos de Sildavia). Es una historia un poco atípica dentro del contexto navideño.

Para el año que viene estoy preparando varios álbumes ilustrados, uno de ellos posiblemente de nuevo con Pepa Mayo y Palabras de Agua, además de otro que estoy a punto de terminar con mi hermano. De todo ello y alguna cosa más que se está gestando por ahí os iré informando en mi blog.

El cuento para iPad es algo que se me ocurrió hace poco, es un cuentito en verso que lleva mucho tiempo en el tintero y dado que es un cuento cortito, a su autora y a mí nos pareció buena idea hacerlo para iPad en vez de en papel. Espero que en pocos meses vea también la luz. Siempre creo que es bueno probar otros formatos, soportes… cuanto más sepas hacer, mejor. Pero personalmente siguen preocupándome más las buenas ideas y las cosas bien hechas que creo que siempre tienen futuro, en lugar del medio en el que se lleven a cabo. Creo que todos los formatos pueden convivir.

Para cerrar esta entrevista nos encantaría que todo el mundo supiera qué te reporta a ti la ilustración y por qué no cambiarías de profesión jamás.

Pues, aparte de ser algo divertido como ya dije antes, es algo que hace que esté continuamente aprendiendo y descubriendo cosas de mí y de lo que me rodea. Dar vida a personajes, a su mundo, transmitir sus emociones, hacer todo eso visible es algo muy estimulante y todo un reto en cada libro. Es como jugar a un juego nuevo cada vez… ¿quién no querría dedicarse a algo así?