Pensar en emocionar a un niño puede ser algo relativamente fácil para la enorme Disney. Ahora bien, cuando se trata de emocionar a los niños de El rey león o El libro de la selva ya crecidos, la cosa cambia. A nuestras edades, no son pocas las películas de animación (y en gran parte de Disney) que hemos visto; tenemos un gran bagaje, como mínimo de este género. Por suerte o por desgracia, haber visto películas de Disney a decenas nos hace ser quizá demasiado exigentes a la hora de sentenciar las películas de animación en general. Sin embargo, cuando topamos con una que nos llega, nos llega de verdad. Y, para qué negarlo, Disney casi siempre sabe el resquicio por el que entrar para llegar hasta ese pequeño (gran) espacio infantil que aún nos queda y consigue convertirnos en niños de nuevo, aunque sea por un par de horas.

Frozen, el reino del hielo. Así se llama la última ‘niña bonita’ de Disney, dirigida por Chris Buck y Jennifer Lee. Y parece que, una vez más, Disney se convierte en experto a la hora de dar lecciones de vida.  Como ya ocurrió con su anterior producción Brave, la multinacional sigue en esa línea que pone a la familia y la felicidadad por encima de todas las cosas. Y lo hace, una vez más, en tono de clarísimo (y excepcional) musical: desde el minuto 1 cada uno de los protagonistas del cuento es presentado como una melodía que por sí sola se ocupa de dar los trazos necesarios que conforman al personaje en cuestión.

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Tan acertado es el trabajo de Robert Lopez y Kristen Anderson-Lopez en la composición de las canciones que, solamente escuchándolas, serían necesarias 4 pinceladas más de cada personaje para llegar a conocerlos totalmente.  A destacar sin duda ese Let it go cantado por una espectacular Idina Menzel, que deja boquiabiertos a niños y mayores y que, por si fuera poco, va acompañado de uno de los momentos visuales más potentes de la película: una construcción preciosa a nivel de imágenes y música, y también una construcción brutal en el más puro sentido de la palabra. La secuencia es espectacular. Hasta el traje de Elsa pone los pelos de punta. Un diez.
Especial mención también al número In Summer: el personaje del muñeco de nieve Olaf es uno de los mejores de la compañía en los últimos años, se le ve venir a leguas desde que aparece en pantalla y se corona definitivamente como bobalicón totalmente adorable con esta canción.

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Canciones a un lado, Frozen está brillantemente bien narrada y visualmente es un portento. Toda la película es muy atractiva, con un colorido enorme, a pesar de lo que pueda parecer. El dato de que solamente el pelo de Elsa está compuesto por 400.000 hilos, ayudará a entender el nivelazo técnico de la película. Y ¡muchísima atención a los trajes de las dos hermanas! y las escenas construidas con nieve, que obviamente son muchas, todo en la película sin excepción tiene una calidad artística y técnica enorme.

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Nos quedaríamos a medias si dijésemos que Frozen es simplemente el viaje de búsqueda de Anna (Kristen Bell) para encontrar a su hermana Elsa (Idina Menzel) con la esperanza de liberar a un pueblo de un invierno infinito al que Elsa les ha sometido. Frozen es mucho más: es una historia de búsqueda en el sentido más amplio de la palabra. Es aprendizaje y aceptación, tolerancia y amor. Una preciosa metáfora que merece la pena disfrutar en pantalla grande y que, además, cuenta con una de las villanas más originales de la historia Disney. Una bruja por error, una villana que no es villana, una mala que es buena y adorable, que puede sentir amor y que no tiene malas intenciones, sino al revés. Esto es, cuanto menos, interesante. Lejos han quedado las brujas malvadas que envenenan a las princesas con manzanas. Ahora los malos también pueden ser buenos y los buenos pueden ser algo malos… Porque no todo es blanco o negro, también hay medias tintas. Y eso Disney lo sabe muy bien.
Podéis ver el tráiler de la película pinchando aquí.

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Además, antes de la película puede verse el cortometraje de Disney Get a horse que ya anunciamos en Malatinta. Podéis verlo pinchando aquí. Dos joyas por el precio de una.