Cada 15 de agosto, como viene siendo la tradición desde tiempos inmemoriales, Egipto celebra la crecida del Nilo. Durante el periodo faraónico, la crecida del río tenía lugar entre los meses de julio y noviembre. La celebración de este acontecimiento era un rito muy importante en el calendario y debía festejarse con todos los honores posibles. Si la crecida era buena, las orillas del Nilo volverían a ser fértiles y, con ello, las próximas cosechas estaban garantizadas. El limo acumulado permitiría que las semillas plantadas crecieran y se desarrollaran para dar de comer al agricultor que las plantaba y vender sus excedentes.  Si la crecida no resultaba óptima, el hambre podría tener efectos devastadores en toda la población.

Puede que ahora, con nuestras gafas del siglo XXI, no seamos capaces de entender la importancia de ese evento que, para los egipcios, suponía la vida. Lo que sí podemos entender es que el agua es un bien preciado, que en exceso causa destrucción y por defecto causa restricciones de todo tipo. Seguramente pensemos que, con todos los avances y tecnología que tenemos al alcance de un click, este tipo de fenómenos es menos recurrente. Pero a día de hoy, incluso el río Támesis se sigue desbordando e inundando sus márgenes como si del propio río Nilo de época faraónica se tratase.

Lo más curioso de este fenómeno es querer construir una casa para habitar en ese terreno fanganoso e inestable a orillas del Támesis. El matrimonio Narula ha sido capaz de llevar a cabo la construcción de su vivienda gracias a la labor del estudio John Pardey Architects. El principal problema de construir en un terreno con esas características es dotar de estabilidad la cimentación. Ya desde la época del Neolítico se utilizaban pilotes en zonas acuosas, como lagunas, lagos o márgenes de ríos, para salvar la inestabilidad del terreno. Muy conocido es el caso de la construcción de la ciudad de Roma y el uso de pilotes de roble, aliso o alerce para dar cimentación a los edificios levantados en los márgenes del Tíber. O, sin ir mucho más lejos de la capital imperial, la ciudad de Venecia se levanta sobre este tipo de pilotes y su estabilidad está más que demostrada.

En el caso de Narula House, el equipo de John Pardey Architects ha elevado la vivienda sobre unos pilotes, utilizando esta técnica antigua. Además, ha construido la casa por encima del nivel de la inundación. Con ello, la casa parece que flota por encima del nivel del agua durante la época de inundación. Como si de un barco se tratase, la vivienda permite disfrutar del fenómeno natural pero sin sufrir las consecuencias del vaivén de la marea. Y hay que decir que observar cómo un radio de unos 200 metros a la redonda queda sumergido por las aguas del Támesis, produce un gran respeto para quien habita en esa casa.

La Narula House está realizada en acero inoxidable y cuenta con un tratamiento especial de la madera empleada, para hacerla más resistente a los efectos de la humedad. Las paredes quedan reducidas a amplias cristaleras en el lado más cercano a las aguas para disfrutar de sus vistas. La sensación de apertura de la Narula House es total con esta solución y el efecto de ingravidez queda matizado por la sensación de ligereza, tanto de la madera del suelo como de los muebles empleados y la decoración interior.

John Pardey Architects consigue así hacer de Narula House un hogar diferente, ligero, elegante y abierto al paisaje donde se ubica. El agua del Támesis se vive como un elemento más del lugar y se fusiona con la vivienda. Al fin y al cabo, lo mismo da acceder a tu casa desde un coche que desde una pequeña barca.