La “ruina” como elemento arquitectónico tiene un valor ornamental muy elevado. Gracias a los descubrimientos arqueológicos del siglo XVIII, durante ese siglo y el siguiente,  se puso muy de moda tener un elemento ruinoso como decoración en los jardines de la alta aristocracia. La llegada del Neoclasicismo y de las nuevas corrientes paisajísticas que provenían de Inglaterra contribuyeron a que este concepto ganara terreno dentro del ámbito artístico de la época y que su valor se elevara como nunca antes se había visto. Actualmente, el concepto decorativo de la misma es muy apreciado e incluso sirve de soporte constructivo para la creación de un nuevo edificio o arquitectura. El arquitecto portugués Nuño Brandao sabe aprovechar las ventajas que ofrece este tipo de construcción y por ello ha sorprendido a muchos con la reelaboración de la Casa Melgaço.

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Situada en el norte de la vecina Portugal, esta casa ha sido edificada a partir de los restos de una antigua y ruinosa casa de campo que pertenece a una familia formada por once miembros. La construcción alcanza los 400 metros cuadrados de superficie y se distribuye de dos formas distintas, según su tamaño y su función. Con ello, se puede distinguir una zona situada al oeste, donde se conserva el cuerpo de la anterior construcción y se une a la zona de la piscina estableciendo una línea continua entre ambos, uniendo paisaje y zona urbanizada; otra situada al este, mucho más orgánica y actual que se enclava en el terreno y proporciona un aire más informal a todo el conjunto.

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En la construcción original, con un marcado aire local gracias al empleo de piedra granítica para su creación y que es muy característica del lugar, es la parte que acoge los dormitorios y la sala de estar. La cocina y el comedor se sitúan en plantas diferentes pero están conectados por una escalera interior para un acceso mucho más rápido y limpio. Además, a este conjunto hay que sumarle dos elementos nuevos e independientes, situados al este, como son el garaje y la piscina.

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Al interior, la decoración minimalista y la sensación de amplitud y espacialidad, gracias al uso de tonalidades blanquecinas, crean un entorno mucho más independiente que sólo cambia al observar las amplias cristaleras que conectan con el entorno verde del potente paisaje exterior.

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Una casa moderna en un entorno rural donde convive lo antiguo y lo contemporáneo, lo local y lo internacional, la ruina y la reconstrucción.