El “tatuaje” escultórico de Paola Epifani

Rabarama, una extraña palabra que proviene de la unión de “raba”, tatuaje, y “Rama”, divinidad de origen hindú. Con esta unión de significados se conoce a la célebre escultora italiana Paola Epifani. No es raro que, de alguien que entiende la escultura con un profundo significado simbólico, haya desarrollado un trabajo tan original y auténtico.

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Nacida en Roma en 1969, todo hacía presagiar que Paola se iba a dedicar al mundo del arte. Su padre, pintor y escultor, y su madre, una artista de la cerámica, le inculcaron desde muy pequeña el amor hacia las disciplinas artísticas y el arte. Por ello, estudió en la escuela de arte de Treviso para graduarse con honores en la Academia de Bellas Artes de Venecia.

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Su primera obra conocida fue una escultura de dos metros realizada en el año 1990 para el Concurso Internacional de Toluca que se celebra en México. Dicha obra se encuentra actualmente en el Museo de Arte Moderno mexicano. Pero fue en el año 1995 cuando se asoció con la galería Dante Vecchiato y empezó a realizar esculturas ligadas a la temática del libre albedrío, la predestinación, el hombre robotizado y la “programación” por ordenador de las especies, que han sido la constante de toda su obra. Su extraordinario trabajo le ha llevado a exhibir sus obras en los más importantes y prestigiosos museos italianos y extranjeros.

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Su taller se encuentra situado en la ciudad de Padua desde donde despliega todo su talento artístico. Sus esculturas suelen ser de diferentes materiales, desde el bronce, alumino, terracota, mármol o vidrio. Muchas veces suelen llevar incorporadas decoración con pintura al óleo, resina, oro, goma o gráficos. A primera vista el resultado suele ser el de un puzzle humano, una figura física sometida a un completo tatuaje corporal de escamas, letras, jeroglíficos, dibujos…, que aparecen agachadas o en cuclillas, revolviéndose sobre sí mismas y representando la piel que habita cada ser vivo. Los pensamientos, vivencias, reflexiones, preocupaciones, angustias, miedos, fobias… de cada uno de los seres que habitan este planeta están representados en sus esculturas y son el resultado de “estar vivo”.

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Un significado profundo de la existencia junto a una obra comedida, elaborada y fruto de una gran capacidad creativa y única es lo que ofrece esta artista italiana donde “raba” se convierte en la piel que habita cada uno de los espectadores que contemplan sus obras.

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