Un 19 de enero del año 1839 llegaba al mundo, en Aix-en-Provence, uno de los pintores que, a pesar de pasar desapercibido, marcaría un punto de inflexión en el arte del siglo XIX a través de su peculiar manera de concebir el espacio y la realidad. Aunque muchos le engloban dentro del movimiento impresionista, se puede decir que junto a Van Gogh, Gauguin y Toulouse-Lautrec conforma ese grupo de pintores que desarrollará una carrera mucho más personal y alejada de los presupuestos del primer Impresionismo, conformando el llamado Postimpresionismo.

Desde sus comienzos en la Academia Suiza de París  siente una profunda admiración por Delacroix y Courbet. La rebeldía se convierte en su principal bandera para hacer oír los ideales de un joven artista cuyas primeras obras muestran violencia, sensualidad, asesinatos y orgías fruto de un carácter solitario, apasionado e impulsivo y que se manifiesta a través de fuertes contrastes, colores oscuros y una pincelada espesa a golpe de espátula.

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Cultiva una fuerte amistad con Émile Zola y pronto empieza a acudir a las tertulias del Café de Guerbois donde una serie de jóvenes pintores, entre ellos Monet, Renoir, Pisarro y Degas, se reúnen para discutir sobre arte en torno a la figura de Manet. Este contacto con los futuros impresionistas cambia por completo su forma de entender la pintura y se convierte en discípulo de Pisarro. Nace en él un profundo interés por las estructuras de la naturaleza, busca trabajar al plein air y su paleta evoluciona hacia colores más suaves con composiciones mucho más calmadas y cuidadas.

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De ese mismo interés por las estructuras de la naturaleza surge un profundo estudio de la esencia que conforman los objetos que le lleva a una descomposición de las formas. Los objetos se pueden descomponer en formas geométricas básicas y, a partir de ellas, volverlos a construir. Para ello intenta crear una nueva imagen que una la realidad con la conciencia, a través de la sensación visual que provoca la estructura de la realidad misma a través de su aguda mirada y de la reflexión que resulta. Fruto de ello es su reelaboración del concepto de espacio, que es el resultado de la realización sobre el plano de los distintos puntos de vista que genera un objeto. El color le sirve para construir masas, volúmenes o luces y la perspectiva que observamos no es una sóla, sino varias que generan nuevas relaciones entre los elementos que conforman el cuadro y se consiga romper con la perspectiva renacentista.

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No es de extrañar que Matisse, Picasso, Braque y Gris le considerasen el padre de la pintura del siglo XX, ya que sus estudios y su obra ponen las bases para lo que será el Cubismo y las Vanguardias posteriores. Tanto por su gran aportación al mundo del arte y por ser uno de esos artistas que han pasado “desapercibidos”, hoy le rendimos un pequeño homenaje desde Malatinta Magazine.