Allá por el año 2004, el artista serbio  Marko Stojanovic realizaba la carta de menú para un conocido restaurante de su país natal. El proyecto consistía en ofrecer una serie de platos que incrementasen la cultura visual de los clientes. Para ello se realizó un menú basado en las obras de conocidos artistas del arte contemporáneo del siglo XX.

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Pollock, Mondrian, Malevich, Koons, Buren… todos ellos contaban con un plato con el que se identificaba claramente alguna de sus obras de arte más conocidas. Pero la intención del artista iba más allá. El público debía identificar a cada artista por un elemento en concreto que se incluía en el plato, ya fuera a partir del nombre del mismo o por algún ingrediente que hacía referencia al autor de la obra a degustar. Así a Malevich le reconoceríamos por el nombre del plato, “El sombrero ruso”, o al francés Buren por el empleo de queso. Con ello el artista intentaba mostrar un juego de ironía y alegoría en su obra y a la vez acercar al paladar el arte del siglo XX.

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Esa ironía también queda implícita en el trasfondo y la finalidad de esa serie. A través de la ingesta de los platos-obra se intenta construir el organismo de la persona que lo consume y después pasarán a ser excrementos artísticos una vez hayan cumplido su misión. Arte efímero pero con una finalidad útil.