Cuando Catalina La Grande accedió al trono de Rusia, de la mano de su marido Pedro III, nunca llegó a pensar que sería recordada como una gran mecenas de las artes y las letras en el país que la acogió como emperatriz. Fue una de las más importantes coleccionistas de su tiempo que consiguió enriquecer la colección palaciega gracias a las sumas de dinero que invertía en adquirir obras provenientes de toda Europa. Y no sólo eso. Consiguió que la Ilustración calase entre las clases nobles y que las artes evolucionasen como nunca antes ni después se vio en la historia del país, tal vez debido a las constantes luchas internas y externas que durante los siglos XVIII y XIX tuvo que sufrir hasta alcanzar cierta estabilidad.

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Rusia ha sido fuente de grandes artistas durante la última mitad de siglo. Quizá sea la distancia, quizá las diferencias culturales, o tal vez el arduo clima y la vasta extensión de terreno que conforma al gigante europeo el causante de la ignorancia, en muchos casos desde el punto de vista de la Europa Occidental, del potencial artístico de este desconocido país. El realismo pictórico es uno de los movimientos que pega con más fuerza en la actualidad, aunque sin descartar otros.

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El artista Evgeny Lushpin es uno de esos pintores que no pasan desapercibidos y que son reconocibles bajo la estela del citado realismo. Es considerado uno de los grandes pintores del momento y uno de los “Maestros de la Luz”, emulando a Vermeer, Miguel Ángel, Leonardo, Rembrandt… con obras que parecen auténticas fotografías realizadas sobre lienzo. Su capacidad de llevar a la realidad paisajes y vistas de ciudades deja la piel de gallina a quien lo contempla. El efecto realístico es tal que se podría decir que sus obras se tratan de auténticos trampantojos que confunden la realidad de sus obras.

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La capacidad de análisis, de detallismo y de narración son consideradas el punto fuerte de cada una de sus pinturas. El espectador se traslada, literalmente, dentro de la obra, la cual parece cobrar vida por sí misma, para perderse por sus calles, caminos y callejuelas a fin de integrarse por completo y mimetizarse con la misma. Algo similar ocurre con sus canales o el interior de las casas que retrata. Los personajes que integran estas escenas resultan totalmente armónicos y en sintonía con el ambiente en el que se ubican, con escenas que hablan de la buena comunicación entre vecinos y la tranquilidad de la vida diaria. La belleza de la naturaleza también ocupa un lugar prominente, con escenas donde el agua y la luz se combinan en total majestuosidad, o la misteriosa fuerza de la noche que atrae como un imán a cualquier observador curioso que quiera entablar relación con lo enigmático.

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Las obras de este gran artista están causando una increíble impronta en su país natal y sus ventas se van incrementando año tras año. El poder de la pintura y de la obra de arte original, armónica y bella atraen de manera singular a los coleccionistas que ya ven en Lushpin la reencarnación de un nuevo maestro de los pinceles, a la antigua usanza y conservando el aire de misterio y autenticidad que hacen único a todo artista genial.