La pintura ha sido siempre una de las formas de expresión humana más comunes para dar a conocer al exterior lo más profundo que tiene toda persona en su alma. Muchos artistas han sentido que la única manera de poder comunicarse es a través de los pinceles y no de las palabras. Razón de más para que algunos de los grandes genios hayan sido considerados raros, excéntricos, poco sociables o incluso de un carácter intratable que les ha llevado a ser protagonistas de más de un desencuentro con algún que otro personaje importante de la historia. Como la mayoría fueron incomprendidos es normal que una disciplina como la psicología haya querido encontrar y dar explicación, vía diagnóstico, a más de algún chocante comportamiento o pulsión que algunos tildarían de simple soberbia, propia de los que han sufrido el llamado “síndrome del genio”.

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El artista de hoy, Colin Staples, no responde a ese tipo específico de artista que tiene el perfil mencionado hace unas líneas. Aunque sea capaz de crear obras de arte sobre un lienzo también goza del don de la palabra, tanto hablada como escrita, para explicar todo su proceso creativo. Sus obras son resultado de la unión entre una constante búsqueda de la belleza y la captación psicológica del personaje que retrata, fruto de la destreza manual del artista adquirida a base de la interiorización de la imagen visual del retratado. Los conceptos que se esconden detrás de su habilidad pictórica provienen de la filosofía que se estudia en las artes marciales y que consiste en ir perdiendo el “ego”.  En un principio, esta idea se sustenta en la tradición oriental, donde el ego se va perdiendo a medida de que hay una aproximación hacia el objeto  físico y se consigue un grado de confianza cada vez mayor hasta llegar a una profundidad total, tanto del objeto a pintar como del proceso creativo. Para ello, basta echar un vistazo a sus obras y poder entender cómo es capaz de atrapar y captar el alma de cada uno de los elementos que aparecen en ellas.

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Sus pinturas están realizadas en acrílico, lo que le permite  que los continuos golpes y mezcla de colores den una sensación de frescura e inmediatez. Sus obras son concebidas como una evolución visual que le permiten expresar la pasión y el amor que siente hacia el arte. Cualquier emoción que siente el artista es digna de ser plasmada a través de sus manos y, en ese sentido, la pintura es el medio más rápido para poder expresarla.  Incluso, dentro de la propia faceta pictórica, Colin ha desarrollado diferentes estilos y texturas hasta descubrir cuál de ellas le hace sentir más cómodo y más identificado con su propio ser.

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El movimiento queda representado a través de golpes rápidos de dripping , lo que le aporta un toque de dinamismo y espontaneidad al resultado final. Y esa búsqueda de movimiento le lleva a indagar e investigar en nuevas direcciones tanto en el uso del color como en el empleo de nuevas técnicas. La investigación y la innovación son las dos constantes que motivan su obra pero sometidas a una disciplina  que trata de desnudar el alma de lo que representa y de acercarla a los ojos del espectador.