El arte de hacer lo que tú quieres

¿Alguna vez os habéis levantado por la mañana y habéis dicho: se acabó, voy a hacer lo que YO quiero y me da exactamente igual lo que el resto del mundo piense al respecto? Sí sí, lo que realmente quiero. Porque quiero, porque puedo y porque no me da miedo.

Ya lo dice la canción, ser valiente no es cuestión de suerte, dar ese paso no es fácil; tanto es así, que con más frecuencia de lo que parece nos acabamos sientiendo atrapados en una forma de vivir que no queríamos. Tú querías pintar cuadros en el campo pero sin querer te das cuenta de que el pincel lo usa tu hijo para jugar con las témperas, trabajas en una fábrica de galletas y tienes una hipoteca en el PAU de Vallecas.

Desde pequeñitos nos adoctrinan en la sociedad del “tengo que”, explicándonos cómo, dónde y cuándo se supone que tenemos que hacer las cosas o qué formas de vida son las adecuadas: dónde y cómo vivir, qué profesión “es conveniente” elegir, qué tipo de pareja es la apropiada, cómo debo vivir el amor y qué formas de relación son las idóneas etc. Pero de repente un día nos acostamos, empezamos a acumular primaveras o patas de gallo y nos sentimos atrapados en un círculo de tareas o responsabilidades que pueden no ajustarse a nuestra forma de ver o sentir la realidad, a la forma en la que me gustaría que fuera mi vida de verdad.

Nos invitan a no soñar, a no cuestionar, nos roban incluso las formas de comunicación y expresión más emocionales para converirnos en máquinas funcionales… ¡Incluso nos roban el arte! ¿No os parece extraño? Si el arte no sirviera para nada no te lo quitarían, si no tuviera su función tú no tendrías esa canción que tanto te motiva en tu mp4 ni esa película que has visto decenas de veces en la cabeza.

“El arte es un arma cargada de futuro” (Noviembre, Achero Mañas)

Quizás algunos después de leer esto piensen que estamos hablando de vivir sin responsabilidades, romper el contrato de la hipoteca y viajar en el tiempo para volver a la época hippie, pero no. Nos referimos a recordar todas esas ilusiones que desde bien joven te dicen que “no pueden ser”, que no deberías hacer, que son sueños sin cimientos ni futuro que debes olvidar. Hablamos de todas esas personas que han sentido que tenían que renunciar a su profesión soñada, incluso a la ilusión de crear un negocio porque antes de pensar ni tan siquiera el cómo, ya habían escuchado un “eso no va a salir bien”; a ese viaje que siempre has querido hacer pero que todo el mundo te dice que es una locura; a esas personas que son felices siendo solteras o teniendo una relación de pareja menos convencional pero que deciden cambiar porque se supone que no cumplen con los estándares habituales; a esas mujeres que no quieren ser madres pero que sienten que por ello están haciendo algo mal; a esas mamás cuyo alrededor les dice cómo deben actuar o criar a sus hijos. Nos referimos a nosotros, a vosotros, a ti.

Tendemos a pensar que nuestra vida estará resuelta antes de los treinta y cuando llegamos a esa cifra mágica experimentamos grandes decepciones y crisis vitales porque parece que hemos perdido el tiempo, pero quizás os sorprendierais si os relatáramos la cantidad de importantes figuras intelectuales, famosos artistas o grandes empresarios que decidieron dar un empujón a sus ideas cuando ya eran mayorcitos. A veces lo más difícil es decidir hacia dónde quiero orientar mis pasos y eso supone perderse en el camino; pero no pasa nada, a veces para encontrarse es necesario perderse. ¿Hubieras encontrado ese restaurante que tanto te encanta o ese grafiti maravilloso si no te hubieras perdido alguna vez callejeando por las calles de tu ciudad?

Es necesario respetar el tiempo, no todos estamos preparados para dar un paso al frente al mismo tiempo, mientras unos dieron su primer beso a los ocho, otros lo hicieron a los dieciséis y no por ello besan peor; nadie mejor que nosotros mismos para conocer nuestro tic-tac interno, tan sólo es necesario escucharlo. Mientras ese momento llega podemos, incluso, ser capaces de boicotear proyectos actuales no intentándolo hasta el final, en parte porque no es lo que queremos realmente -no seamos extremistas, también puede haber otros motivos-. La cuestión es que cada cosa tiene su momento pero el sufrir frecuentemente por encontrarnos ante la misma encrucijada que se repite en bucle es una señal, una pista de que algo hay que cambiar.

No pretendemos chasquear los dedos y conseguir un sueño; habrá tropezones y caídas en el camino, pero seguro que también te hiciste algunas heridas cuando empezaste a montar en bici y nadie ni nada te impidió aprender a pedalear. Es el propio miedo a fracasar el que nos frena, el que nos pone mil excusas y mil “peros” en vez de darnos 1001 ideas para tratar de llegar al cómo, pero la peor sensación de fracaso llega cuando uno se queda con las ganas de intentarlo. Sólo se fracasa cuando no se intenta.

Esto no es un anuncio de Nike, nadie dijo que fuera fácil pero tampoco imposible. Seguro que a la primera mujer que quiso votar la llamaron loca y que Rossa Parks fue crucificada socialmente cuando se negó a ceder su asiento en el autobús por ser negra; ser diferente está de moda, pero el Patito Feo fue aislado hasta que se convirtió en cisne y nadie nos contó la cantidad de Kleenex que se usaron en el camino.

Tener el objetivo en mente implica arriesgar y esforzarse, luchar; quizá no lleguemos a ser Picasso (¿quién sabe?) pero sí a montar una expo en el bar de tu barrio, hablamos de coger el pincel después de salir de la fábrica de galletas para no olvidar por qué te gusta pintar y de ahí seguir pintando hasta donde el corazón te diga. Conseguir el reto puede suponer romper con estilos de vida, e incluso personas, pero somos nosotros quienes ponemos las limitaciones… ¡Y los medios para tirarnos a la piscina!

Tu vida es tuya. El único que tiene derecho a decidir y juzgar tus pasos eres tú.  El mejor postre es poder decir que has vivido tu vida, la que tú querías, no la que otros decidían. Porque puedes, porque quieres y porque no te da miedo.

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2 Comentarios

  1. Elia

    Esto es lo que pensamos y lo que sabemos a partir de una edad. No importa cuándo nos demos cuenta, lo que importa efectivamente es hacerlo. La vida no se recupera ni hay una segunda vez, al menos la que tenemos ahora, la que merecemos vivir. Tenemos responsabilidades con todo el mundo y hacia todo, pero también para con nosotros mismos y la mayor responsabilidad es querernos. Sólo así estaremos en condiciones de querer a los demás. Me encanta Silvia, enhorabuena por tu filosofía.

  2. Gracias Elia por tu opinión! El amor que somos capaces de darnos a nosotros mismos, será el seamos capaces de dar a los demás. Nadie tiene derecho a decirnos cómo vivir nuestra vida y tú decides qué, cómo y cuándo. Porque puedes, porque quieres y porque aunque a veces da miedo, merece la pena intentarlo. Un abrazo

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