La distinción social que antaño otorgaba una joya a la dama que la llevaba ha dejado de ser funcional. La joyería contemporánea se ha alejado de la mera ostentación de materiales de elevado precio para ser todo un arte que busca el sutil diseño, la ligereza que se desprende de un esmerado cuidado de la materia prima y la elegancia de una complejidad que se deleita en la sencillez.

Muchos de estos artistas, principalmente mujeres, han decidido además comprometerse con el diseño sostenible y han apostado por reivindicar la necesaria protección del medio ambiente y los recursos naturales: los ecodiseñadores de joyas han demostrado que la elegancia puede brotar de la semilla que a primera vista luzca más humilde, común, sencilla y con naturaleza más ordinaria.

El elemento reciclado por antonomasia es el papel pero tan sólo ecodiseñadoras como Lydia Hirte o Janna Syvanoja han convertido este material tan asequible en un material precioso digno de crear las joyas más sofisticadas. El movimiento de las líneas, el poder de dominar su carácter rebelde y resistente y la experimentación al retar el nivel de dureza e inflexibilidad hasta sus límites han dado lugar a impresionantes obras de arte.

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Transformar la tosquedad en sutileza parece ser el principio que guía las creaciones de Fabiana Gadan Brooch, capaz de transformar el burdo carácter del plástico en el más delicado de los materiales. Sus joyas, realizadas con tiras y pedazos de botellas de plástico de agua y con PET (tereftalato de polietileno) reciclado se convierten en verdaderas esculturas volumétricas, traslúcidas y ligeras. Láminas de plástico que se tornan, a pesar de la tozudez de este material a la hora de ser modelado, en elegantes estructuras hacen olvidar su intrascendencia como material en el pasado.

Tatiana Pages ha optado por transformar las anillas de plástico de los six-packs mientras que Sonya Sánchez Arias concibe sus joyas desde una simbiosis entre la armonía y el movimiento ‘up –cycling’ que pretende la reinvención de los residuos: sus diseños se concibe como una segunda vida para estos materiales de desecho que renacen como sorprendentes obras.

Otras artistas que ha logrado diluir la rudeza que a priori ofrecen el neumático y el caucho como materiales han sido Atara de Lange y la griega Niki Stylianou. Ésta última, Premio  Internacional Arte y Joya, ha recibido este reconocimiento a la investigación y creatividad-al que optaron 130 artistas de 31 países-  gracias a su collar de caucho cortado a mano e hilo de seda y lino. Fusionar los conceptos de joyería y tatuaje es el punto de partida de Batucada Fashion cuya joyería ecológica que se adapta a los contornos de la piel se elabora de forma artesanal y se envasa en cartón reciclado.

La goma que habitualmente tiene un uso meramente funcional en bicicletas y motos adquiere, en manos de Kathleen Nowak Tucci, un carácter estático a la par que estético a través de una morfología agresiva que se entremezcla con la frialdad del acero. Esta ecodiseñadora ha situado sus colecciones de pendientes, collares y pulseras en las boutiques más exclusivas de Estados Unidos y Europa.  La elegancia que emana de la oscura dureza de este material también ha sido explorada por Emma Ware que también se sirve del caucho para ofrecer siluetas que emulan sugerentes movimientos alados para expresar, a través de sus sugerentes formas, una comunicación con el mundo y la libertad.

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Pero hay diseñadoras se trasgreden los límites y se adjudican  cualidades casi divinas para dar vida a lo que anteriormente era un material inerte: Caroline Smith utiliza fragmentos de faros rotos de coches para sus creaciones. Sus joyas están inspiradas en la fascinación por la ilusión óptica que articula mediante la exploración de colores brillantes y llamativos y formas inspiradas en artistas de los 60’ como Brigite Riley. Algo similar pretende Nexo México, una firma enfocada al diseño industrial pero que ha dado rienda suelta a la oportunidad de crear joyas bajo el objetivo de generar el menor impacto posible sobre el medio ambiente: sus diseños están realizados con retazos de CDs fraccionados y triturados.

Todos ellos han demostrado no sólo que la más sutil de las elegancias puede provenir del más común de los materiales que lanzamos a la basura obviando su potencial estético sino que es posible crear joyas que además se sirvan de su función estética para reivindicar el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente.