¿Quién no ha disfrutado de una estancia en un spa desconectando del mundanal ruido y del estrés que se sufre en el día a día en una caótica ciudad? Pero, ¿si el spa en cuestión estuviera situado en un lugar idílico, rodeado de majestuosas montañas y, a su vez, se pudiese disfrutar de unas pistas de esquí? El Tschuggen Bergoase spa es uno de esos edificios que no pasan desapercibidos para el espectador, tanto a nivel arquitectónico como lúdico y de descanso.

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Situado en los magníficos Alpes suizos y muy cercano a Saint-Morizt este complejo hotelero, fundado en 1892 como sanatorio para pacientes con problemas pulmonares por Otto Herwig, está formado por dos edificios claramente diferenciados: por una parte el hotel, reconstruido a finales de los años 60 después de sufrir un grave incendio, y por otra el spa, construido en el año 2004 por el arquitecto suizo Mario Botta y decorado en su interior por Carlo Rampazzi. Un puente de cristal azul y suelo de granito blanco sirve como eje de transición entre ambas construcciones.

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De entrada, el exterior resulta bastante llamativo. Unos grandes ventanales traen ecos de las vidrieras de las catedrales góticas. A su vez, parecen imitar la silueta de las impresionantes montañas que lo rodean. El diseño empleado resulta elegante y a la vez atemporal, gracias al empleo de acero y vidrio que le da una sensación de ligereza y luminosidad. Es muy característico del arquitecto Mario Botta combinar una estructura arquitectónica compacta, como el hormigón y el ladrillo, con exteriores mucho más etéreos e ingrávidos gracias al empleo del acero y del vidrio. Su estilo geométrico y el empleo de plantas simétricas ahuecadas le dan a las construcciones una sensación de edificio compacto y fuerte. Cabe recordar que este arquitecto aprendió de primera mano de grandes maestros como Le Corbusier y Louis Kahn.

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Al interior, las 130 habitaciones y suites fueron diseñadas por Carlo Rampazzi. Este diseñador de interiores ha sabido reinterpretar el estilo clásico del mueble y adaptarlo al mundo contemporáneo. Sus obras han sido calificadas de neo maximalistas y no sólo abarcan el mobiliario en sí, también complementos y tejidos de interior. Y la exquisita decoración de este spa es un claro ejemplo de ello: por un lado, combina muebles clásicos pero con un toque práctico y de comodidad adaptado a las necesidades de descanso del cliente; por otro, elegancia y calidez en el empleo de los materiales.

Una combinación sorprendente que pueden disfrutar los más selectos clientes que acuden a este hotel en busca de tranquilidad y descanso, con unas impresionantes vistas a uno de los paisajes más sublimes de Europa y muy cerca de uno de los centros turísticos más conocidos del mundo.