Muchos son los versos que ensalzan el arte que encierran sus curvas e incontables son los artistas que desde hace siglos homenajean la sonoridad inconfundible de sus cuerdas. “Alma de hierro en formas de mujer, madera noble curada por el sol. Es tu sonido un tacto a flor de piel, son tus acordes un grito de pasión”. En este caso, tal vez la letra de Barón Rojo define a la perfección por qué la guitarra ha sido el oscuro objeto de deseo de grandes diseñadores, desde los luthiers cuya maestría se expresa a través de la técnica, hasta aquellos que optan por reinterpretarlas para añadir un carácter estético a su  ya indiscutible belleza sonora.

Una caja, generalmente de madera, un mástil sobre el que se asienta el diapasón y seis cuerdas de acero o nylon, dependiendo de si es eléctrica o acústica, son a primera vista simples elementos que unidos de forma armónica desde la visionaria capacidad creadora de un lutier han permitido nacer a grandes mitos del flamenco, rock, blues y metal. Desde su origen, atribuido a la marca Rickenbacker para los primeros guitarristas de jazz, y pasando por Leo Fender diseñador la primera guitarra eléctrica sólida desmontable, la guitarra eléctrica y su compañero inseparable, el bajo, han estado presentes en la historia del diseño con grandes creaciones.

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Muchos son los ejemplos de esta unión con el arte del diseño, por lo que resulta imposible reducir en una sola entrega a todas ellas. Las hay míticas por su diseño técnico, reconocidas por su dueño, originales por su decoración… Tony Zemaitis comenzó a trabajar como ebanista hasta que encontró una guitarra dañada que se sirvió de inspiración para encontrar su verdadera vocación. En años sesenta ya se le disputaban los mejores músicos. Jimi Hendrix, Keith Richards, George Harrison, Richie Sambora (Bon Jovi) o James Hetfield (Metallica) son algunos de los grandes admiradores de este maestro artesano británico.

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La guitarra lleva aparejada a sus cuerdas la pasión de quien las hace vibrar y, prueba de este amor es que muchas de ellas son perfectamente identificables no sólo por un aspecto que la define y la identifica sino porque cuentan incluso con nombre propio. La más mítica de todas ellas, la Frankenstrat, la Stratocaster de Edward Van Halen, surge de un experimento para fusionar Fender y Gibson en una misma guitarra. Ideada, diseñada y renovada por el propio Eddie, y marcada por sus escasas dotes como lutier, según cuentan, esta guitarra se convirtió en una amalgama de cables, tozos de disco de vinilo, luces de camión, cintas adhesivas… que la hacían inconfundible. Tanto es así que una vez llegó a manos del luthier Billy Connolly, de Kramer, fue transformada y corregida pero siempre sin perder su esencia. Desde entonces su diseño basado inicialmente en el libre albedrío de Van Halen se convirtió en un pattern que sirvió para estampar todo tipo de objetos.

También la Chashocaster ha caracterizado las notas de Eric Clapton, no sólo músico sino también coleccionista de arte urbano que decidió decorar su Stratocaster con las creaciones del artista de graffiti americano John “Crash” Matos. Esta guitarra identificó a Clapton como lo han hecho los bajos Real Punisher Bass y el Axe (Hacha) a Gene Simmons (Kiss), el J Frog Skull&Bones a George Lynch (Dokken) y la Gibson Psychedelic Flying V a Jimmy Hendrix. Curiosa también resulta la guitarra Square-bodied de Bo Diddle.

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Otros apelan a un diseño más futurista, y no sólo las realizadas a través de impresión 3D sino también los modelos Jackson Rosswel Randy Rhoads, que basándose en la característica forma de asimétrica V de este mítico guitarrista ha sido ‘tuneada’ con un aire alienígena en su cuerpo de aluminio marcado con incrustaciones de los típicos ‘círculos de las cosechas’. Otros se ponen más romanticones, como la guitarra de triple mástil de de Steve Vai en forma de corazón. Pero si hay que hablar de originalidad, sin duda la estrella es la Pikasso de 42 cuerdas creada por la maestra luthier Linda Manzer y que de forma sorprendente e incomprensible sólo alguien con la capacidad del guitarrista de jazz Pat Metheny podría hacer sonar con tal maestría.

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Otros artistas con menos dotes para la creación técnica optaron infundir su creatividad en el cuerpo bien a través de obras de arte que acompañarán sus acordes o bien a través de sus diseños como una original excusa para unificar a la perfección música y arte plástico. Amanda Dunbar ha conseguido dotar de un carácter sublime a sus guitarras Precious entre las que se encuentran las más caras del mundo, gracias a la suntuosidad e inconfundible cromatismo del cristal de Swarovski.

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Curioso es el caso de Tony Cochran, artista y dibujante de comic que ha ofrece una curiosa versatilidad en una disciplina a priori bastante alejada de la que le ha hecho conocido. Este “extraño tipo que ama todo tipo de expresión artística desde sus lineales dibujos de cómic diarias hasta sus pinturas acrílicas”, como se define a sí mismo, muestra una original manera de ‘vestir’ guitarras con una creatividad que rompe radicalmente con la monotonía.

Sarah Gallenberger es una artista autodidacta que combina su pasión por la música y su experiencia en la industria con su talento para el arte y la pintura, a los que dedica el tiempo que no destina a trabajar en eventos musicales. También Stephen Jensen es un diseñador estrechamente asociado con la música y cuyas creaciones se han planteado como las más originales por revistas como la británica Guitar Planet.

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Pero sus cuerdas y sinuosas curvas también han inspirado a escultores, algunos más volcados en reinterpretarla o deconstruirla, como Ron Ulicny, un escultor contemporáneo, artista y artesano, que ha creado la obra ‘Fuck you Pablo’; y otros más funcionales, como Bruce Mahalsi, han decidido buscar una asociación más técnica, con el luthier David Goldbeard, para dar lugar a una pieza macabramente original: la ‘Bone Guitar’, realizada con pequeños huesos de animales, utilizadas incluso en los trastes.

Sólo una pequeña muestra de la originalidad que la viste, la decora y la homenajea basta para contemplar cómo sus ‘cuerdas de acero’ han inspirado a todo tipo de artistas, no sólo compositores, que han quedado obnubilados por sus sinuosas formas.  Y aún quedan muchas más…