Aún recuerdo la primera vez que vi una peli porno. Tenía 12 años y fue sin querer, estaba viendo el plus y de repente ahí estaba. Ambientado en un royo Blade Runner, en un mundo futurista apocalíptico dónde ya no había naturaleza. Él le regalaba un ramo de flores de contrabando que traía perfectamente conservado dentro de una maleta de cristal. Ella, muy agradecida, se arrodillaba y le compensaba con sus habilidades bucales. Fue hasta romántico. Lo que yo no sabía es que estaba programado el vídeo, y que cuando cambié de canal porque me harté, también quedó grabado. Obviamente mis padres me pillaron.

Crecí en una familia bastante progre. Recibí una educación muy neutra en cuanto al género se refiere. Las tareas del hogar igualitarias, jugaba con micromachines y barbíes, siempre vestía con vaqueros y deportivas. Lo único que me dijeron es que era demasiado joven para ver esas cosas. En ningún momento se habló sobre si las chicas no veían eso ni me castigaron. Dieron por hecho que era normal tener curiosidad. Lo que ellos no sabían es el monstruo que acababan de crear jaja. Desde entonces, crecí pensando que es normal que las mujeres veamos porno. En serio, lo creía de verdad. No concebía que las mujeres y los hombres tengamos que vivir sexualidades diferentes.

Seguí cultivando mi afición por la industria y la sexualidad en secreto. No por ser mujer, sino porque de esas cosas no se habla, porque era demasiado joven. De repente un día tenía 20 años, iba a la universidad, y estaba de moda hacerse la moderna. Y yo claro, inocente, pensé que iba a ser muy guay compartir mi afición con los demás. Entonces lo descubrí. Una mujer de bien no ve porno.

Me costó un par de años aceptarlo. Frente a las primeras reacciones extrañas yo pensaba que eran casos aislados, que es que eran personas cerradas de mente. Pero al cabo de un tiempo me desengañé. Sorprende demasiado que una chica admita que vea porno, mucho más que sea aficionada a ello, y ya flipan si te dedicas a escribir sobre ello. Al principio eran las risas cuando lo contaba, la gente que se quedaba sin decir nada. Empecé a rayarme cuando notaba que pensaban que era una pajillera o una ninfómana.

Entonces, un día, me harté. Decidí que de que servía emanciparse del hogar o poder ser madres solteras si nos seguían teniendo sometidas sexualmente. ¿Por qué ver porno siendo mujer implica que no eres respetable? ¿Por qué causa risa? Decidí que esta iba a ser mi cruzada personal. Soy mujer y me dedico a escribir sobre porno. Y lo digo alto y claro, con orgullo, sin vergüenza. Porque el porno es muy sano, porque las mujeres también disfrutamos a solas y necesitamos un desahogo.

Y entonces surgió la magia. No os podéis imaginar las conversaciones que tengo al respecto. Cuantas mujeres se me acercan de fiesta para contarme que les gusta ver determinada cosa muy guarra, o que les gusta que les hagan guarradas muy extrañas. Gente que me pasa noticias sobre porno por wasap o mensajes privados. Chicos que me piden que les recomiende escenas suaves para poder ver con su chica. Monólogos dónde la gente fascinada me escucha explicarle como se dilata un ano para poder meterle un bate de béisbol o cuál es la composición química del squirting. Todo en voz bajita, todos avergonzados de que les esté encantado lo que les cuento.

En cuanto a mis parejas, desarrollé una técnica infalible: lo cuento en la conversación postcoital. Alguno no me volvió a llamar, otro me pidió por favor que no le pegara al acostarnos (¿hola? ¿que tiene que ver la velocidad con el tocino?). Con la mayoría ganas un montón de puntos, como dice un amigo es como reconocer que te masturbas, da mucho morbo. Para mí esto es mucho más que morbo, es un arte, un género y una industria. Sin embargo, tengo la sensación de que mi trabajo puede ser un impedimento para tener pareja estable. Aún no me he visto en la situación de cenar con sus madres y tener que contarlo. «¿A que te dedicas bonita? Escribo sobre corridas y mamadas suegra». Puede ser muy interesante XD. Ya os contaré.