Uno de los aspectos que no deja de sorprender de arquitectos, diseñadores y decoradores es su capacidad de transformación constante. Cuando el proyecto lo requiere, su versatilidad se desborda para dar como resultado un espacio único, diferente y con todo lo necesario para disfrutar de él. Por ello, no es extraño que una firma como Clancy Moore Architects haya sido capaz de transformar el interior de unos almacenes dublineses, construidos en los años 70, en una casa sorprendente.

Podría sonar algo frío el hecho que un lugar industrial se pueda reconvertir en un hogar familiar. Teniendo en cuenta que la mayoría de estos edificios se construyeron con una serie de características propias bastante diferenciadas de una planta para vivienda, la reconversión del espacio resulta mucho más intrigante. Desde el exterior, da la impresión que su nueva configuración obedece a un patrón de vivienda. Por lo que, esa transformación del contenido interior, ve traducido a su fachada externa su cambio de utilidad.

Clancy Moore Architects ha conseguido aprovechar todo el espacio interior dotando a esta vivienda de todo lo necesario para la vida familiar. La planta se resuelve de una manera sencilla: en la planta baja, un hall de entrada, una salita de estar, un salón amplio de doble altura, una cocina inmensa, una terraza exterior, un pequeño invernadero, un baño y un despacho con entrada propia desde la calle; en la planta superior, tres habitaciones y dos baños. La característica más peculiar de esta segunda planta es que queda dividida en dos zonas separadas por el salón a doble altura principal. A la habitación principal se accede por una escalera situada en dicho salón. A las habitaciones secundarias se accede por la escalera situada en el hall de entrada. Con ello, la privacidad matrimonial queda a salvo de la curiosidad de los más pequeños.

El interior ha conseguido conjugar una curiosa mezcla entre un estilo industrial, en referencia al pasado reciente de este inmueble, y un minimalismo puro. Lo más llamativo es el uso del blanco como color unificador, que aporta luminosidad a las zonas que cuentan con menos ventana. Este blanco se ve roto por el empleo de colores vivos y diferentes en cada una de las habitaciones, ya sea por el mobiliario o por ciertos toques en sus paredes, dotándose a sí mismas de una independencia única frente a esa unidad. Y además de este color blanco unificador, Clancy Moore Architects emplea una serie de ventanas circulares interiores que permite comunicar las habitaciones superiores con la zona del salón central. Un uso algo inusual de este tipo de elementos que consigue dotar de una comunicación constante todos los rincones de la casa.

Clancy Moore Architects consigue así marcar un estilo propio y diferente con este almacén reconvertido en hogar. El frío interior de un estilo industrial convive con el calor de hogar familiar, donde la vida se desarrolla de una forma abierta y en continuo contacto entre sus habitantes.