El arte de jugar es eso, todo un arte. Los niños saben muy bien cómo utilizar su imaginación, ingenio y fantasía creando mundos, juegos, canciones… que llenan por completo su tiempo de ocio y no tan de ocio. Muchas veces esas fantasías se trasladan en el hogar en forma de travesuras o garabatos en la pared que a los padres nos cuestan algún que otro disgusto. Pero en el fondo, los niños son niños y esas anécdotas están a la orden del día.

La firma arquitectónica  Container Design ha diseñado un proyecto para una casa pensando en los más pequeños que ha resultado todo un éxito. Dicha vivienda, se encuentra en la ciudad de Sukomo, en el país del Sol Naciente. La idea principal surge de la necesidad de dar a los niños espacio dentro de la casa para que puedan saltar, correr, pintar y hacer cualquier actividad que en el interior no suponga ningún tipo de peligro o accidente casero.

Con tal fin, la vivienda se levanta en dos plantas donde se alternan los espacios de la vida cotidiana con aquellos pensados para los más pequeños. La madera es el elemento principal de esta construcción, muy en consonancia con las construcciones niponas, pero las paredes aparecen cubiertas con pintura de pizarra para que los niños puedan pintar y garabatear con tizas de colores todo lo que se les ocurra. Además, hay varias zonas donde se han colocado redes de cuerda para que los niños puedan saltar y jugar como si se encontrasen en el parque. En el cuarto de juegos se les ha colocado unos arneses en el techo para que puedan colocar sendos columpios de tela para hacer las delicias de los más pequeños.

Con ello, la casa resulta cómoda, acogedora, práctica y adaptada a los vaivenes y correrías de los jóvenes inquilinos. Los padres pueden estar tranquilos a la hora de dejarles libres por ciertos lugares y rincones sabiendo que disponen de todos los medios para distraerlos y sin peligro para ellos.