Al llegar la Navidad, muchos deseos, anhelos y esperanzas tienen la necesidad de expresarse y cobrar vida un año más. Entre ellos, el de que la lotería toque en cada casa o, por lo menos, un pellizquito. Con ese dinero muchos de los lectores verían sus sueños cumplidos, desde un viaje a un país lejano, el coche más rápido del mercado o la casa que siempre han deseado. Esto último no resulta ser un problema para Claudie Dubreuil, una joven canadiense que, ni corta ni perezosa, materializó su deseo de tener su propia casa, pero a su gusto.

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Esta mujer sería la pesadilla de todo promotor inmobiliario en este nuestro país.  Nacida en Quebec, esta joven arquitecta decidió crear su propio hogar de una manera muy diferente al que lo haría cualquier persona. Teniendo en cuenta que su presupuesto no llegaba para lo que soñaba construir y que las firmas de arquitectura a las que había acudido no veían el proyecto debido a su dificultad, se las ingenió para ahorrar en materias primas para edificar su casa en la colina de Saint-Adèle, en la región de Laurentides de la capital canadiense.

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Para ello se puso en contacto con una empresa de ingeniería que le vendió 4 contenedores metálicos marítimos a un módico precio, en el que se incluía el traslado y el corte de los mismos según indicaciones de la propia dueña. Este trabajo duró unas dos semanas en las que, una vez listos, el equipo de construcción se encargó de revestirlos en madera de pino.

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Sobre una cimentación hormigonada se asentaron los contenedores ya revestidos para aislarlos de las inclemencias del terreno así como utilizando aislantes térmicos entre los paneles y la madera. Los grandes ventanales de vidrio contribuyen a dar luz natural al espacio interior y un aspecto más espacioso. El color blanco utilizado en muchas de las estancias da una sensación de amplitud y funcionalidad que contrasta con el uso de madera en la mayoría de los espacios.

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Toda la vivienda está perfectamente acondicionada con calefacción y aire acondicionado y muchas de las estancias destacan por la decoración moderna y acogedora que alberga. La cocina está completamente equipada y la habitación principal llama la atención por una gran cristalera que deja paso a una terraza exterior que alberga una ducha para el verano.

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El coste total de la obra ascendió a 380.000 dólares y, después de esta genial idea, Claudie decidió crear su propia empresa de construcción que bautizó como Les Collections Dubreuil Inc. A día de hoy, gracias a la economía de materiales y a la originalidad de sus diseños, está resultando todo un éxito en su Quebec natal.

 

Fotografías Les Collections Dubreuil Inc