Una de las constantes de la arquitectura es la recuperación y remodelación de espacios y construcciones pasadas que necesitan un lavado de cara para destinarlas a un nuevo uso. Las casas de típicas de campo, para pasar el fin de semana, son las más proclives a este tipo de intervenciones y las adaptaciones más frecuentes están destinadas a un mejor aprovechamiento de los espacios y una amplia cobertura de tecnología destinada a cubrir las exigencias climáticas internas.

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Algo parecido es lo que ha ocurrido con una casa situada en un lugar idílico situado al este de Westfalia, en Alemania. Junto al cauce del río Nethe existía una pequeña casa de campo construida en la década de los 50 y que hacía las delicias de sus habitantes en las épocas estivales y vacacionales. El paso de los años ha ido deteriorando esta construcción y el equipo arquitectónico Dusserldof ha puesto todo su empeño en reconvertir este espacio en 90 metros cuadrados habitables bajo dos premisas claras: luminosidad y tranquilidad.

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Una de las ideas claras a la hora de reorganizar el espacio interior ha sido otorgar al salón la mayor importancia de este hogar. A su alrededor se distribuyen las estancias interiores así como el jardín exterior. No se concibe el paisaje externo sin este elemento distribuidor o viceversa. Este gran espacio está acristalado en un 50%  de su extensión para permitir el juego constante con la naturaleza en la que se ubica. La luz se convierte en el elemento más destacado junto con el paisaje que lo rodea, con un pequeño estanque que da ese toque de calma al conjunto. Al interior de esta estancia, el uso de la tarima y la magnífica chimenea dota al conjunto de la calidez y confort que necesita. Incluso se vislumbra una pincelada de filosofía oriental a la hora de conciliar la convivencia de los cuatro elementos en tan poco espacio: tierra, agua, aire y fuego.

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La casa consigue así el propósito inicial que buscaba el cliente: “en una época de excesos hemos construido un hogar que convierte lo esencial en tangible”. Sentir la conexión con la naturaleza, que es la parte esencial de toda vida humana, es una realidad en esta casa. La vivencia de lo que es propio del ser se ha realizado de una forma clara, simple y concisa. Los excesos no son necesarios en este lugar donde disfrutar de una noche estrellada, del murmullo del viento, de la luz del sol y del sonido del agua se convierte en el complemento perfecto de un interior pequeño y correcto.