Azores se casa con el arte urbano sin perder su esencia

Arte urbano. A veces sinónimo de vandalismo; otras simplemente de eso, de arte. No toda expresión artística ha de estar supeditada a ser admirada por una minoría que se ha adueñado del concepto de belleza y que la entiende solamente si reposa sobre las rígidas y frías paredes de una galería. En ocasiones -por fortuna cada vez más comunes- personas con el don de comunicar a través de la pintura prefieren narrar su particular forma de entender el mundo en escenarios más mundanos, a riesgo de que sean pocos los que se paren a admirar su creación y muchos los que la consideren mera suciedad inherente de las calles. Esto, al igual que en Granada, no ocurre en Azores, especialmente en Sao Miguel, su isla principal, un capricho de la naturaleza en medio del océano Atlántico donde el matrimonio entre la tradición y el arte urbano es un auténtico regalo para los sentidos del que todos se sienten orgullosos. Y no es para menos.

Grafiti en Sao Miguel, Azores (P.G.)
Grafiti en Sao Miguel, Azores (P.G.)

Recientemente MalaTinta ha tenido la oportunidad de viajar hasta la isla azoriana de Sao Miguel para tratar de descubrir sus secretos y las respuestas estaban a vista de todos, en sus paredes, en sus calles, en el arte que se escapa de las galerías. Ponta Delgada, la capital de las Azores, es todo un ejemplo de cómo el arte urbano puede estar íntimamente relacionado con la idiosincrasia del lugar. Perderte por sus calles adoquinadas con piedras volcánicas puede convertirse en toda una experiencia en la cual conocer más de cerca la forma de comprender el mundo de sus lugareños, los rasgos distintivos de su cultura y aquellas máculas que les hace ser poseedores de un carácter propio que tanto atrae.

Si algo tiene una relevancia cultural de profundo calado en sus habitantes es la importancia que le dan los azorianos a las piñas (ananas) o a las ballenas. Son dos elementos clave en los grafitis que dominan la ‘cara B’ de la ciudad. Las Azores son actualmente uno de los mayores santuarios para el avistamiento de grandes cetáceos del planeta, pero tradicionalmente ha sido un enclave privilegiado para la caza de cachalotes. Desde el siglo XVIII hasta hace tan sólo 30 años, la industria ballenera era uno de los puntos fuertes para la economía de sus islas, pero en 1986 el pueblo azoriano decidió dar fin a esta práctica y cerrar su industria ballenera.

No cundió el pánico, reforzaron su poder de exportación y se centraron especialmente en estimular el paladar más allá de sus fronteras a través de sus frutas. La maracuyá, la chirimoya, el araçá y, sobre todo, la piña, que llegó a las Azores tras el descubrimiento de América y que continúa cultivándose en grandes invernaderos de vidrio, son los regalos más sabrosos que da su tierra. Y, como no podía ser de otra manera, estos elementos también aparecen representados en los grafitis que dominan la ciudad.

Azores también importa arte urbano

Las islas Azores lleva varios años organizando un festival de arte urbano, el Walk & Talk, que busca promocionar a jóvenes artista cediendo sus muros para que dejen volar su imaginación. Actualmente Ponta Delgada ya cuenta con cerca de 80 creaciones de maestros del grafiti y en breve se unirán las nuevas obras que se están realizando desde el pasado 17 de julio hasta el 1 de agosto. Esta tarea no es exclusiva de artistas locales, sino también de grandes firmas internacionales cuyas propuestas han convencido al jurado que se encuentra detrás de esta iniciativa y que subvenciona esta incomprendida forma de expresión artística. Con una dotación de 650 euros, más desplazamiento y alojamiento para siete días, artistas de la talla de Okuda han tenido el placer de compartir su buen hacer con los sprays por diversas localizaciones de la capital de Azores. Okuda, por citar uno de los grandes nombres en estos derroteros, ya ha plasmado con su particular estilo geométrico a todo color desde una fábrica abandonada a un rompeolas cercano al puerto.

Comenzó como un antifestival de grafiti en Las Azores y ahora es uno de los programas de arte urbano más ambiciosos de Portugal”, comenta María, una de las guías que ayudó a MalaTinta a desentrañar los secretos de la isla: como la hermosa historia que explica la formación de la laguna azul y la verde; mostrarnos decenas de enclaves que parecen haberse quedado atrapados en la magia del Cretácico; degustar el típico cocido azoriano hecho con el calor de los vapores de un volcán en descanso; descubrirnos el deseo frustrado de Steven Spielberg por grabar la primera entrega de Parque Jurásico en sus entrañas; o sus malogrados intentos por tratar que aprendamos portugués. Por su parte, sí que logró mostrarnos el respeto que tienen sus gentes hacia el arte urbano que llena de color sus calles y el orgullo de vivir en una isla donde el matrimonio entre tradición y modernidad pasa por dejar a los más jóvenes que tomen la palabra, se ensucien las manos de pintura y cuenten al mundo a través de sus muros qué significa para ellos ser parte de la belleza de Azores.

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1 Comentario

  1. Ana P.

    Muy buena pinta…¡Qué ganas de ir!

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