Tan asequible y tan ajada resulta la realidad que el ser humano se empeña en buscar un atajo de huida que le haga olvidar la ‘crudeza’ de la vida diaria. Esta evasión hacia lo mágico, lo intangible, lo ilusorio y lo fantástico  es una obsesión que se ha perpetuado en la trayectoria del ser humano. Por ello, el diseño no deja de ser una huella palpable de esta obsesión. Muchos son los artistas que,  rendidos ante a belleza del caos y la esencia ilógica, absurda e imposible, nos muestran que nuestros ojos están destinados a caer fácilmente en el engaño -tanto propio como ajeno- si nos negamos a romper las barreras de la percepción humana. El diseño es a veces, como la vida, tan sólo cuestión de perspectiva.

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Ilusiones ópticas, efectos que engañan las apreciaciones de los sentidos o figuras que rompen las leyes físicas que nos atan irremediablemente a la dura realidad son tan sólo una excusa para enviar una sutil invitación al espectador para vivir nuevas experiencias sensoriales lejos de convenciones inmutables. Esta inquietud no es actual ni de temprana edad puesto que el pensamiento ilógico ha sido evocado por el arte desde siempre. Maurits Cornelis Escher es sólo uno de los ejemplos de aquellos que nos invitaron a soñar desde antaño, como hizo Méliès con la temprana cinematografía. Con sus litografías, Escher planteó desde principios de siglo una perspectiva imposible cuya inspiración fue siempre una prolífica mente imaginativa y creativa.

Sus escaleras interminables, sus mundos imposibles, sus mariposas escapando de una estricta geometría son ejemplos del imaginario colectivo. Éstas últimas inspiran quizá  una de las creaciones de Susanne Philippson, cuya ‘Mariposa del reloj’ revisa de forma contemporánea el reloj tradicional con un toque de movimiento fugaz añadido. Diseñado para la casa italiana Diamantini & Domeniconi, este objeto de metal ofrece tres mariposas que revolotean mientras se alejan del férreo tictac del tiempo.

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Muchos son los objetos decorativos que buscan romper las reglas del diseño. En ocasiones es precisamente la ausencia la que genera el elemento material: mediante inacabadas formas se sugiere la culminación de éstas a través de nuestra imaginación. Una de las artistas que fomentan esta percepción creativa desde la ausencia, Maya Selway, nos  ofrece objetos decorativos como meros bocetos a medio terminar. La volatilidad y el inacabado aspecto de estas creaciones – como la colección ‘Kishu’ que obtuvo el premio de Diseño de Interiores en la Bienal de Kortrijk, Bélgica –esconden solidez y estabilidad en sus delicadas formas.

En otras ocasiones, nuestras mentes son presas del engaño de materiales a priori incoherentes que conviven en un mismo espacio y contexto. La simulación de líquidos que aparecen inmortalizados en diversas piezas de diseño inmobiliario ofrecen una singular originalidad, con piezas como las de John Brauer con su mesa ‘Grand Illusion’ cuyo mantel ‘transparente’ esconde el verdadero sustento de la obra o la ‘Liquid Glacial Table’ de Zaha Hadidya presente en Malatinta- que ofrece cómo es factible inmortalizar y retener la rebeldá líquida, algo que también ha logrado Alexander Nettesheim.

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Peter Brisbol ha preferido ignorar las leyes de la lógica bajo secretas artimañas; cual mago amateur o ilusionista interiorista, opta por esconder un ingenioso truco en su silla ‘President Cut’, una innovadora idea que ofrece sensaciones increíbles bajo el ‘pequeño’ engaño de ocultar una placa bajo la alfombra. Las ilusiones creadas a través de las sombras  también son las claves de las obras de Tim Noble.

Otros artistas optan por manipular y retorcer la realidad hasta hacerla tan imaginativa como plausible de forma simultánea gracias a su realismo y la calidad de su manipulación. Las construcciones imposibles del fotógrafo Victor Enrich – cuyo retoque fotográfico torna en verosímil lo inverosímil-  logran formas increíbles y surrealistas que, si no fuesen realmente improbables según la física, podrían ser edificaciones realmente bellas.

Sin embargo, esta obsesión por sumirnos en los mundos imaginarios e ilógicos también se plasman en los lienzos urbanos del street art, con artistas como Kurt Wenner , del que ya os hemos hablado, o el propio Banksy, un experto genio en engañarnos con sus malabares juegos visuales; o los propios tatuajes cuya realidad traspasa la epidermis gracias a las dotes de los artistas tatuadores.

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Efectos, sombras, luces, simulaciones que engañan a nuestros ojos, efectos visuales, equilibrios imposibles… nuestra imaginación sucumbe continuamente a la tentación. Muchos de nosotros no hemos podido resistirnos a ella cuando podemos retenerla con nuestra cámara cual fotógrafos magos que ofrecen gratuitas e imaginatias ilusiones ópticas… ¿Quién no se ha rendido a ofrecer en nuestras fotografías un pequeño ejemplo del arte óptico? Quien esté libre de culpa, que ‘tire’ la primera instantánea