Desde la Antigüedad, la muerte ha sido considerada uno de los acontecimientos de mayor importancia. El paso de la vida al más allá se ha tratado de diferentes maneras según cada cultura. Cabe destacar que todas las civilizaciones han realizado magníficas obras de arte para decorar y engalanar las tumbas de los reyes. Sólo hace falta echar un vistazo a esas enormes pirámides que levantaron los egipcios para depositar en su interior el cuerpo de sus faraones y que tanta admiración y curiosidad han despertado a lo largo de los siglos. Pero no sólo los reyes. Muchos adinerados plebeyos han querido tener un lugar de descanso eterno digno de admiración. A la cabeza pueden venir imágenes de fabulosos mausoleos y tumbas realizadas en mármol o piedra y que salieron de las manos de grandes escultores de todos los tiempos. Durante el Barroco, muchas de ellas alcanzaron una perfección y una teatralidad apasionantes. Basta con mencionar el monumento funerario de Karl von Metternich, el del emperador Luis de Baviera, el del cardenal Richelieu o el del cardenal Mazarino.

[photomosaic ids=”20931,20932,20933,20934,20935″]

La escultura funeraria siempre ha sido una gran desconocida para los amantes del mundo del arte. Pasear por un cementerio, como si de un museo se tratase, puede llegar a considerarse algo poco frecuente. Pero si el lector se detiene a observar la escultura que muchas tumbas albergan, se podría llevar una gran sorpresa. El “necroturismo” está de moda. Aunque pueda sonar rocambolesco no es raro que se estén realizando visitas guiadas por muchos camposantos dentro y fuera de España. En el cementerio de San Isidro de Madrid ya las llevan a cabo. En ellas, no sólo se hace hincapié en la calidad de la talla que decora una tumba, también se realiza una explicación de la historia del lugar y una visita a aquéllas cuyos moradores fueron destacados personajes, en algún momento de la línea del tiempo.

[photomosaic ids=”20936,20937,20938,20939,20940″]

En España se pueden encontrar claros ejemplos de cementerios que no pasan desapercibidos a los ojos del espectador. La mayoría de ellos datan del siglo XIX. Y los monumentos que albergan son, en muchos casos, de una calidad escultórica altísima. El cementerio de La Carriona, en Asturias, el de Mataró o el de Montjuic son un claro ejemplo de ello. Importantes panteones de personajes ricos e indianos se pueden encontrar en el de Bilbao o el de Sitges. Tumbas modernistas decoran el de Vilanova i la Geltrú. Ejemplos de neomudéjar, neoclasicismo o neogótico se pueden encontrar en el cementerio de Elche. Una bella vista hacia el mar se puede observar desde el cementerio de Luarca. Y el lector interesado en historia puede visitar el cementerio de Yuste donde descansan los restos de los soldados españoles de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

[photomosaic ids=”20941,20942,20943,20944,20945″]

En Europa se pueden encontrar importantes camposantos como el de Staglieno, en Génova, donde descansan los restos de la esposa de Oscar Wilde, Constance Lloyd, de Giuseppe Mazzini o los de Fabrizio de André. En Roma podemos encontrar las tumbas de Percy Bysshe Shelley y John Keats. En Francia destacan varios, como el cementerio americano de Normandía, que alberga los restos de los combatientes de la Segunda Guerra Mundial, el de Père-Lachaise, donde se encuentran las tumbas de Jim Morrison y de Oscar Wilde o el cementerio de Montparnasse donde podemos encontrarnos las de Charles Baudelaire y Jean Paul Sartre, entre otros. En Centroeuropa destacan el Zentralfriedhof de Viena, que alberga los restos de Beethoven, Schubert, Brahms y Strauss, y el cementerio judío de Praga, el más antiguo conocido en Europa y que fue inaugurado en el siglo XV. En Londres el cementerio de Highgate destaca por el estilo gótico de sus monumentos funerarios y en entre ellos podemos encontrar las tumbas de Karl Marx o George Elliot.

[photomosaic ids=”20946,20947,20948,20949″]

Escultura que lleva el arte más allá de las fronteras de la vida. Obras de gran belleza que no dejan de ser destinadas a albergar el reposo eterno de los restos de algún mortal. Tallas que hielan el corazón cuando se acaricia la piedra o el mármol en las que están realizadas y que son reflejo de lo efímero de la vida.