La imagen que nos evoca Japón es la del país de la tecnología avanzada y la producción a escala mundial, la del misticismo, los rituales sagrados, el recogimiento, la educación, la honorabilidad y el respeto. Pero, ¿y si todo eso no fuera más que una pequeña parte de una sociedad tan desarrollada como atormentada que también engendra mentes degeneradas como inhumanas y que vagan a través de la estética ‘underground‘, las películas ‘manga’ y las escenas ‘gore’ recogidas en muchas de sus manifestaciones culturales? El lobo con piel de cordero aparece y el ‘telón’ se levanta para dar a conocer a una serie de artistas que reflejan lo humano y lo inhumano a través de sus obras.

Takato Yamamoto, cartelista e ilustrador japonés, un artista desconocido para el mundo occidental. Nacido en la prefectura de Akita en 1960 y graduado por la Universidad Zokei de Tokyo es el máximo exponente del estilo Ukiyo-ePop y una de esas mentes que refleja esa sociedad decadente recogida a través de sus ilustraciones, donde plasma la paradoja de la vida y la muerte, lo erótico y lo necrófilo, lo bello y lo repulsivo.

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Al observar la mayoría de sus obras se comprueba la brutalidad que desprenden. La intensidad de las escenas y la profundidad narrativa se muestran tanto en la belleza de las figuras femeninas que emplea así como en la utilización de elementos simbólicos como clavos, cabezas, huesos, globos oculares, avispas, telarañas o vísceras que relatan momentos de erotismo y terror. Todo ello resulta una extraña mezcla de sueño y pesadilla a la vez. Y es ese componente desagradable y grotesco, de alto contenido sexual, lo que le ha llevado a ser un artista vetado entre el público occidental.

Sus temáticas exponen situaciones de amor, esclavitud, oscuridad, metamorfosis, vampirismo… entre otras. Esto lo convierte en un provocador con una mente poco normal, atrayendo al espectador a través del morbo que despierta su obra.

Muchos críticos ven ecos de las obras de Beardsley y Harry Clarke en sus escenas, incluso algún sutil reflejo de las pinturas del artista erótico Franz von Bayros. Sin embargo, las ilustraciones de Takato son mucho más elegantes y delicadas, donde la imaginación queda atrapada en el reino de la decadencia, aunque rozando casi lo pornográfico.

El estilo de este japonés está dentro del llamado esteticismo Heisei: sus figuras femeninas, acompañadas por esos desagradables elementos simbólicos, dan lugar a una doble lectura donde la inocencia y la culpa se entrelazan en ambientes sórdidos y cuya única finalidad es la del crecimiento de la experiencia humana.

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Para sus composiciones utiliza la técnica de grabado denominada Ukiyoé , realizada durante la época Edo (s. XVII-XIX). Ukiyoé consiste en el uso de múltiples matrices de madera, que se emplean para la grabación de estampas, donde cada una de ellas corresponde a un color dentro de la impresión completa. Además, Takato complementa sus ilustraciones con otras técnicas como el óleo, acrílicos y otros tipos de pigmentos sobre papel. El resultado son colores muy fríos sobre un fondo negro, con personajes cuya tonalidad nos hace dudar acerca de su estado vital.

Bajo todo este ‘atrezzo’ pictórico, lo que Yamamoto busca es reflejar su repulsión hacia la vida cotidiana de una sociedad japonesa anímicamente enferma, que es incapaz de expresar sus emociones y pulsiones más humanas en público. Es sólo por medio de ese rechazo que generan sus ilustraciones cuando consigue liberarse de las ataduras de una sociedad de porcelana donde lo grotesco se convierte en sinónimo de la belleza.