Su ácido carácter, la riqueza cromática que esconde bajo una áspera coraza y la belleza de sus formas geométricas les han dotado de grandes cualidades para convertirse en sorprendentes iconos artísticos. Los cítricos han recorrido la historia del arte en todas sus expresiones y disciplinas, con el notable protagonismo del distinguido arte culinario que ofrece siempre un papel destacado a las sensaciones cítricas que emanan de limones, naranjas y pomelos; presentes tanto en platos principales como en postres. Esta versatilidad, su extraña arquitectura concéntrica y sus matices neones son las que han inspirado a los artistas para plasmar su provocadora esencia.

El ‘arte cítrico’ ha intentado plasmar el alma de estos frutos que ofrecen formas tan simples en su exterior como complicados una vez descubrimos un interior geométrico, simétrico y singular. Figuran en todo tipo de expresiones artísticas, partiendo de la pintura convencional que refleja estos frutos en los habituales bodegones hasta otras propuestas bastante más transgresivas. El diseño, el bodyart, el graffiti y la moda se han dejado embelesar por ellos y han captado sus aromas, colores y exquisitez en multitud de creaciones.

Marisa González

Marisa González

La fotografía es sin duda la disciplina maestra a la hora de domar la ácida personalidad de estos frutos, desde la simple recreación estética de sensaciones sugestionadas por sus formas y colorido hasta otras más provocadoras. Marisa González captó su esencia más indomable en su muestra ‘Desviaciones’, exposición presente en Photoespaña 1998, en la que reflejaba la rebeldía de la naturaleza contra la intervención humana: mutaciones, híbridos  y  cuerpos fragmentados de limones, protagonistas de uno de los espacios de esta serie de fotografías, intentaban denunciar la manipulación genética de los alimentos transgénicos.

Los limones también han inspirado a la artista alemana Irene Hoppenberg que, a través de una serie de montajes, ha ensalzado su esencia biológica y natural a través del cromatismo citrónico: sus esculturas, curiosos limoneros y especies azuladas, han ofrecido un particular punto de vista sobre estas especies.

Otros creadores se han sumergido en su interior, para intentar extraer todo su jugo estético a través de la fotografía Macro. John Brueske se ha dejado fascinar por los detalles y las sorprendentes texturas rojizas del pomelo para dar lugar a hermosas instantáneas de color púrpura.

Sin embargo, otros artistas se han embarcado en una odisea mucho más arriesgada: intentar arrancar del mundo etéreo su principal y ácida esencia y lograr captar en dos dimensiones su faceta más invisible e inaccesible, la sorprendente belleza que esconde su secreto mejor guardado: el ácido cítrico. Uno de los exploradores en busca de la estética en miniatura de la naturaleza es Doug Craft. Este artista ha conseguido inmortalizar con luz polarizada la perfección de las formas que adquiere este ácido al materializarse en cristales. Sus microfotografías se configuran como una revelación del sublime colorido de sus fractales cristalizados.

Precisamente el vidrio es el escogido para materializar el espíritu indomable que da esencia a los cítricos. Cobalt & Citron Tower es la obra de Dale Chihuly que pretendía emerger desde el suelo, a través de sus transparentes y cristalinas formas, hacia el cielo en el Orlando Museum of Art.

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Es la creatividad de estos artistas la que ha despertado la admiración por la belleza que esconden en sus formas simples, redondeadas y uniformes: el ‘arte cítrico’ ha revelado el corazón silvestre, exquisito y cromático que reservaba en su interior para los audaces exploradores de sensaciones.