La arquitectura es vida, o por lo menos es la vida misma tomando forma y por lo tanto es el documento más sincero de la vida tal como fue vivida siempre“. Con esta sentencia, el famoso arquitecto americano Frank Lloyd Wright ponía de relieve la relación entre una de las artes fundamentales de la historia y la vida humana, donde la primera no es posible sin la segunda. La arquitectura está ligada a cada etapa de la historia del hombre a lo largo de sus pasos sobre el planeta que habitamos: su evolución es nuestra evolución, sus modas son fruto del diseño y creación del hombre en consonancia a cada momento histórico que vive, sus avances son el reflejo del avance de la civilización, su finalidad última es hacer la vida más cómoda y sencilla al ser humano. Para ello se acompaña de otras disciplinas e incluso del avance tecnológico. Muchas veces no sólo hacen la vida más cómoda sino que permite salvar distancias y unir civilizaciones a través de una de sus ramas: la arquitectura civil. Y los puentes son el mejor instrumento para unir culturas y acercar civilizaciones, en todas sus formas, tamaños y diseños.

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A veces, un puente-túnel suele ser el elemento menos económico a la hora de unir distancias kilométricas y salvar desniveles, valles, lagos o incluso mares. Los puentes levadizos resultan más rentables y permiten un tráfico fluvial mucho más controlado aunque menos fluido. En el caso del Öresundsbron, la opción era clara: un puente convencional que atravesara el estrecho y permitiese conectar Suecia y Dinamarca. Además, su cercanía al aeropuerto internacional de la capital danesa no permitía la construcción de un puente levadizo que dificultara tanto el tráfico aéreo y fluvial.

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Así, en 1995, el proyecto se encarga a una serie de empresas constructoras para que gestionaran su puesta en marcha. Por un lado, se contó con tres empresas propias de los dos países amigos involucrados: la sueca Skanskade y las danesas Højgaard & Schultz Monberg & Thorsen. Por otro, se requirió los servicios de la empresa alemana Hochtief. La inauguración del puente se realizó en el año 2000, contando como padrinos de bautizo la reina Margarita II de Dinamarca y el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia.

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El diseño fue realizado por el arquitecto danés George K.S. Rotne, que desarrolló tres tramos bien diferenciados para salvaguardar los desniveles y preservar la fauna  y flora del estrecho, convirtiéndolo en uno de los lugares que protegen la biodiversidad del entorno formado por más de 500 especies. Tal es así que parte del entramado de la cimentación fue realizada utilizando material excavado del lecho marino y se construyó más de 4 kilómetros de túnel que discurren por debajo del canal de Flint sin alterar ni un ápice el ecosistema natural.

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El puente consta de 49 tramos unidos entre sí a lo largo de 8 kilómetros de distancia que nacen desde Malmö para desembocar en una isla artificial, llamada Peberholm, creada a partir de restos desechados de la construcción del túnel y que da paso a la entrada de los 4 kilómetros de tramo subterráneo que conduce hasta la ciudad de Copenhague. Además de los cuatro carriles que conforman esta vía, consta de dos vías de transporte ferroviario que son operadas conjuntamente por dos empresas, sueca y danesa, de tren.

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Entre las curiosidades en torno a su construcción destaca por ser el puente atirantado con uno de los vanos centrales más grandes del mundo y sus tramos de hormigón fueron construidos por la empresa española Dragados Offshore, desde su sede en Puerto Real. Además, el coste del viaje entre ambos países es muy asequible, tanto a nivel ferroviario como a la hora de tomar el coche por la autopista de peaje, pudiendo llegar a cualquiera de las ciudades en sólo 35 minutos.

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Una obra de ingeniería punta que permite unir y conectar dos culturas en un tiempo récord, donde las distancias se atraviesan rodeado de un marco incomparable de naturaleza y belleza con una arquitectura que respeta su equilibrio y permitiendo que las fluidas relaciones de estos dos países cercanos se estrechen más aún.