Faros es una isla de forma oblonga… y cuenta con una torre admirablemente construida en piedra blanca“. Estrabón escribía así a cerca de una de las Siete Maravillas del Mundo cuando presenció su imponente perfil desde la isla egipcia con la que empieza su relato. El mítico faro de Alejandría se construyó en piedra blanca, probablemente caliza del lugar y no mármol como muchos autores han defendido. Se dice que su construcción duró unos quince años y que la obra costó unos ochocientos talentos. Esta obra de la ingeniería helenística estuvo en pie hasta que en el siglo XII sufrió un fuerte terremoto, causando graves daños en su estructura que se vieron agravados por otro temblor de tierra de fuerte magnitud, ocurrido en el siglo XIV, que la desmoronó por completo. En su lugar y utilizando la piedra que quedaba de esta construcción se edificó la fortaleza de Qaytbay.

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Los faros han constituido la luz de guía de los navegantes desde tiempos remotos para advertirles de los peligros y marcar la existencia de tierra firme. Desde muy pronto se erigieron altas torres junto a la orilla del mar que servían como torres de vigilancia y seguridad ante los desastres navales. Durante las noches y las tormentas se disponían de grandes hogueras, ya fuera en su base o el la zona más alta de la torre, para poder advertir a los barcos que navegaban ante adversas circunstancias. El más antiguo que se conoce es el célebre faro egipcio que llenó las hojas de los escritores griegos y romanos durante generaciones, con sus descripciones y referencias. Muchos otros se fueron construyendo centurias y siglos después, algunos de ellos con más fama que otros y siempre conocidos por los viajeros y navegantes que los han tenido de referencia para marcar el rumbo o salvar la vida. Algunos de los más bonitos hoy tienen un hueco por aquí.

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En la costa báltica de Schleswig-Holstein, en Alemania, se encuentra el faro Bülk. Construido en 1807, consiguió superar las guerras napoleónicas para alumbrar el camino de los barcos a lo largo del fiordo de Kiel. Para ello constaba de un juego de espejos curvos que iluminados con seis lámparas conseguían guiar a los marineros en las noches oscuras y en las tempestades del norte de Europa. Sin embargo, un rayo destruyó la torre en torno a 1843 y volvió a ser levantado en 1862, aunque su finalización no tuvo lugar hasta 1865.

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Uno de los más curiosos es el que está levantado en la isla de Andros. El faro de Tourlitis fue construido en 1897 con una peculiaridad: está situado sobre una roca aislada adentrada hacia el mar. En principio, su edificación se realizó para alumbrar a los barcos y prevenirles de los posibles peligros que las rocas de la isla suponen para los bajos de los navíos. Además, muy cerca de esta isla se encuentra una antigua fortaleza veneciana, símbolo de la ocupación italiana que tantos monumentos levantó durante su liderazgo en la isla.

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Una de esas construcciones que se realizaron en la arquitectura del hierro y ha llegado hasta nuestros días es el faro de Whiteford Point, en Inglaterra. Se edificó en 1865 en el material de la era del avance constructivo y, actualmente se encuentra abandonado y un tanto desmejorado. El efecto de la marea alta, que cubre toda la base del edificio, ha hecho que su deterioro fuera mayor, a lo que hay que sumarle el efecto destructivo de la humedad y el salitre. Un proyecto que demostró que el metal no es un buen ejemplo de material para sortear con buen puerto los efectos del clima.

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En la localidad de Lysekil, al suroeste de Suecia, se encuentra un pequeño faro llamado Stångholmen. Se encuentra en un terreno pedregoso, que soporta fuertes temperaturas bajo cero, en la desembocadura del fiordo Gullmarn, que conserva y preserva una gran variedad de flora y fauna bajo sus aguas. De este fiordo se extrae caviar entre otros manjares que se pueden degustar por el lugar.

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Como es típico de la arquitectura francesa, la piedra es uno de los elementos que no escapan en sus construcciones, ni siquiera los faros. En la ciudad de Brest se encuentra un ejemplo de este tipo. El faro de Portzic fue levantado a finales del siglo XIX en piedra para alumbrar la entrada de los barcos en la rada de Brest. Como curiosidad, una pequeña carretera desemboca en un pequeño puente que da acceso a este punto de luz de la Bretaña francesa.

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Por último, un faro similar a los que se levantaban en las costas inglesas durante el siglo XIX también se construyó en España. El faro de Mouro, en Santander, fue construido hacia 1859 levantándose a 20 metros sobre el nivel del suelo. En esta pequeña isla donde se asienta el faro vivían dos fareros que se encargaban de su constante mantenimiento y funcionamiento. Durante las tempestades llegaban a quedarse totalmente incomunicados, lo que supuso que en 1865 uno de los fareros muriera a causa de las consecuencias una fuerte tormenta. Por ello, en 1921 se decidió automatizar el faro y sus funciones.