Su currículum es impactante. Tiene solo 31 años y ha participado ya en medio centenar de exposiciones individuales y colectivas; ha sido seleccionada para una veintena de premios internacionales (muchos de ellos finalista o ganadora); y ha publicado en las mejores revistas culturales y de moda. A pesar de su juventud Annelie Vandendael (Bélgica, 1987) sabe lo que quiere y cómo deben hacerse las cosas. Ahora, llega al espacio CASTELLANA 22 de WeCollect para mostrar su primera exposición individual en España, ‘Sois Belle’, una selección de sus últimos trabajos donde representa la belleza femenina redefiniendo el concepto de lo bello y mostrando el lado genuino de las personas, incluyendo sus imperfecciones.

Alegre, vibrante, irónica y sensual, Annelie Vandendael dispara imágenes lujuriosas y surrealistas en total desacuerdo con las convenciones de la moda y de la dominante fábrica de estereotipos. Imágenes que desafían el dictado de la perfección con una representación de la belleza femenina real que muestra el lado genuino de las personas, incluyendo sus imperfecciones y peculiaridades.

“Hace unos años, comencé a reconsiderar cómo podría representarse la belleza femenina redefiniendo los conceptos de lo que se considera bello —explica Annelie Vandendael—. En ese momento, en muchas revistas las mujeres tenían que ser perfectas, hermosas y delgadas. Odio las imágenes que están demasiado manipuladas, mi objetivo es mostrar la belleza genuina de las personas y su singularidad“. De forma irónica, la artista belga (cuyo primer cliente resultó ser un tal Paul Smith) llamó a esta serie ‘Sois belle’, invitando a la mujer a liberarse del status quo dominante “y, sobre todo, a que no se callen. La forma humana es un elemento natural, no un objeto”. De ahí la presencia en sus imágenes de una fauna heterogénea, a veces en estrecha armonía con la naturaleza y, otras veces, en relación con nuestros compañeros bípedos desnudos.

Para capturar la belleza auténtica, Annelie Vandendael favorece la pureza de la imagen disparando siempre en mediano formato analógico y huyendo del retoque fotográfico. “Siempre uso una cámara Hasselblad ya que las imágenes que produce parecen más realistas. Hoy en día ya no es obvio ver imágenes reales porque todas están manipuladas y retocadas”.

En sus escenas, las protagonistas juegan con el espectador discretamente escondidas y capturadas en el rollo de película. La autenticidad del cuerpo humano habla por sí misma, las caras son un impedimento innecesario y las personalidades se revelan a través de poses, paisajes o colores. “Represento al ser humano más como una pieza de la naturaleza que como un objeto. Es una reacción contra ejemplos de la fotografía de moda en los que la personalidad del individuo es irrelevante. Mi objetivo es dejar que la autenticidad del cuerpo hable por sí misma. Un cuerpo manipulado nos da una percepción errónea de la realidad”.