¡Qué poquito queda ya para que llegue el verano! ¡Y qué ganas de que lleguen las vacaciones! Los destinos turísticos extranjeros están a la orden del día. Y es que, en muchas ocasiones, viajar fuera de nuestras fronteras sale hasta más barato. Es cierto que los destinos nacionales, dependiendo de la zona, adquieren precios desorbitados y que el bolsillo no está para sorpresas. Por este motivo, muchos eligen veranear en la casa de la playa familiar o en la casa del pueblo. Muy a menudo suele ocurrir que no hay espacio suficiente para alojar a todos los hijos y nietos de los dueños del hogar vacacional.

Esto fue lo que ocurrió con la llamada Casa de la Playa. La inicial vivienda era una pequeña casa de pescadores, situada en uno de los tantos pueblecitos costeros de la provincia de Alicante. La llegada de nuevos miembros a la familia determinó la necesidad de construir una segunda vivienda en la planta superior de la casa inicial. En la zona, muchas de las viviendas han terminado levantando una segunda planta encima de la original de una forma espontánea, con el único control de los límites urbanísticos de altura, ocupación y lindes. Por ello, la diversidad de formas, colores y estilos es abundante y una constante en el lugar.

Ante la ausencia de homogeneidad constructiva, Laura Ortín Arquitectura planteó una solución de arquitectura volátil para construir la Casa de la Playa. Una planta sencilla, de dos alturas, sobre la original fue la elegida para levantar una estructura metálica sobre los muros de carga y realizar la ampliación en altura. La ejecución resultó así ágil y con costos reducidos, con un acabado elemental, sin ningún tipo de floritura.

Al exterior, la vivienda adquiere una tonalidad celeste, para mimetizarse con el cielo, sin desentonar con el color blanco de la casa principal. En la fachada se utiliza un sistema SATE para aislarla de las condiciones climatológicas externas y regular así su temperatura interior. El acabado trapezoidal del tejado y la ventana acristalada que la decora aportan una personalidad única y original sobre el resto de casas vecinas.

La Casa de la Playa se articula sobre la primera planta, accediendo desde unas escaleras que dan directamente a la terraza de la cocina, abierta al salón. Desde el salón, un pasillo distribuidor que conduce a la habitación principal, con baño incluido, la habitación de los más pequeños y un baño. Desde el pasillo, unas escaleras conducen a la segunda planta, donde se ubican una sala de lectura/descanso, forrada en su totalidad con paneles de madera, convirtiéndolo en un espacio cálido y acogedor donde descansar y pasar tiempo de ocio. Una puerta conduce a la terraza superior, cuyo espacio puede ser utilizado de múltiples formas.

En cuanto al diseño interior, el mobiliario es mínimo, con lo necesario para pasar los días de vacaciones. El suelo, a excepción de la planta superior, están realizados en terrazo, un material en desuso pero muy limpio y fácil de tratar. En las habitaciones se utilizan tableros fenólicos de embalaje de objetos utilizado en containers marítimos. Con ello, el lugar resulta fresco y lo convierten en un espacio único y diferente.

La Casa de la Playa resulta una vivienda vacacional práctica, cómoda y luminosa, con un coste básico y una distribución útil para disfrutar de las temporadas estivales en la playa.

La “Casa del Infinito” de Alberto Campo