Volviendo la vista atrás en el tiempo, allá por el siglo XV, llegaba al mundo, un 21 de mayo de 1471, uno de los mejores artistas alemanes del Renacimiento. Su padre era un conocido orfebre con ascendencia húngara de la ciudad de Nuremberg y su madre también procedía de una familia de orfebres de esa misma ciudad. Con trece años tuvo que abandonar la escuela para iniciarse como aprendiz en el taller de orfebrería de su padre. Viendo que las dotes artísticas del adolescente se decantaban más por la pintura, una vez hubo aprendido las bases del grabado, su padre le envió al taller de Michael Wolhgemut, sin duda alguna el más prestigioso y el mejor introducido en los negocios de la ciudad alemana.

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Esa formación adquirida como orfebre fue siempre la base de un Alberto Durero que plasmaba con exactitud los detalles de sus obras y que realizaba con una precisión sorprendente dibujos y calcografías. No sólo eso. El bagaje adquirido con Wolhgemut le sirvió para tomar contacto con la xilografía, el dibujo al natural, los bocetos para artesanía y vidriera y el mundo del retrato.

Para ampliar su formación y su conocimiento viajó a diferentes ciudades como Frankfurt, Maguncia, Alsacia y Basilea. En Alsacia tomaría contacto con el arte holandés gracias a  los grabados de Martin Schongauer. Este grabador alemán consiguió mejorar la obtención de volumen gracias a un sistema de rayado que perfeccionaría posteriormente Durero.

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No contento con ello, el artista alemán viajó a Italia para tomar contacto con la tradición pictórica y las técnicas que se desarrollaban por los grandes maestros del Renacimiento. Su primer viaje, en torno a finales de 1494 le puso en contacto con la tradición veneciana, aunque lo que realmente le cautivó fue la obra de Giovanni Bellini. Los ricos colores y la sensibilidad del artista hicieron mella en su paleta y en su pincel, lo que le llevó a realizar la Madonna Haller, la primera obra de una serie de muchas donde ya se aprecia la influencia italianizante. El cuñado de Bellini era Andrea Mantegna y su obra pasaría a enriquecer las calcografías, la naturaleza y las formas de la obra del alemán.

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Sin embargo, el descubrimiento más importante que realizó en tierras italianas fue el aprendizaje de la técnica de la acuarela combinada con colores cubrientes. Esa serie de acuarelas le encumbran, junto con Piero di Cosimo, como uno de los mejores artistas del arte moderno al modo de Cézanne o los primeros impresionistas y de la pintura a la tinta china asiática. La libertad, la seguridad, la espontaneidad  y la naturalidad del trazo de Durero muestran que estas obras son lo más bello de este género a través de una nueva forma de entender la naturaleza, que sería posteriormente recuperada por los artistas del plein air.

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Este primer viaje le hizo regresar hacia 1506 de nuevo para seguir desarrollando la idea de belleza que le obsesionaba por completo. Por ello se dedicó al estudio del natural, que le llevó a captar el detalle del dibujo de forma microscópica. No es de extrañar que su obra gráfica eclipsara por completo a su obra pictórica, ya que los artistas contemporáneos estaban entusiasmados por el manejo y los contrastes del uso del blanco y el negro que empleaba para lograr esa exactitud milimétrica.

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De todo lo aprendido tanto en tierras alemanas como italianas, Durero desarrolló el resto de su obra entre Nurenberg y Países Bajos. Se convirtió en el artista alemán por excelencia, elevando su categoría a un nivel internacional. Sus grabados se difundieron por toda Europa y serían conocidos y copiados por artistas posteriores. Consiguió ser el punto de unión entre la pintura de la Edad Media y del Renacimiento en Alemania. Fue el primer artista alemán en redactar documentos autobiográficos y en dar independencia al género del autorretrato, que tantos artistas posteriores desarrollarían en Alemania como en Países Bajos. Fue un verdadero teórico del arte, con tratados muy concisos a la manera de Leonardo da Vinci.  Fue el primero en su tierra natal en desarrollar el dibujo del natural y del desnudo siguiendo modelos vivos. Y consiguió desarrollar la técnica del grabado y de la acuarela con un nivel sorprendente y con una visión moderna que sólo sería entendida y completada a partir del siglo XIX. De sus obras nos quedan más de mil dibujos, un centenar de calcografías y aguafuertes, una treintena de acuarelas, a lo que hay que sumar xilografías y óleos. Un artista que sigue sorprendiendo y que creó su propio monograma como marca de un artista de calidad y vanguardista. AD será siempre la firma inconfundible de un gran artista internacional.