Mes: febrero 2014 (Página 2 de 9)

El infinito romance entre el cine y la moda

La unión entre la moda y el séptimo arte no es algo nuevo, de hecho es algo tan antiguo como el propio invento de los hermanos Lumière. No se puede negar que las producciones cinematográficas han influenciado enormemente a las tendencias de la moda e incluso a día de hoy, se siguen reinventando estas mismas sobre la pasarela. El cine tiene el poder casi único de convertir looks, prendas, accesorios y marcas, en verdaderos iconos de la moda, consagrándolos a la cima a lo largo de todos los tiempos.

Hay que tener en cuenta que antiguamente no había toda la cantidad de información en cuestiones de moda como hoy en día, por lo que para muchos el cine era su única fuente de inspiración. Véase el conocido caso del film Sucedio una noche (1934) de Frank Capra, en donde en la escena final Clark Gable se quita la camiseta dejando su pecho al descubierto. Seguramente ninguno de ellos pensó en las consecuencias del acto, pero este simple hecho provocó una caída del 75% en la venta de camisetas interiores en EE.UU. Alucinante, ¿verdad?. Por suerte para los fabricantes de esta prenda, en 1951 un guapérrimo Marlon Brando lució como nadie una camiseta blanca de algodón en Un tranvía llamado deseo y más tarde, en 1955 un Rebelde sin causa James Dean la convirtió en un verdadero símbolo de rebeldía y sexualidad. ¿Acaso alguien de los aquí presentes no tiene una camiseta de algodón blanco?

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Pronto, los grandes estudios hollywoodenses se dieron cuenta de la repercusión que el vestuario podía tener en la sociedad de la época, por lo que no tardaron en contratar a importantes diseñadores para que crearan mundos de ensueño a través de las prendas. En 1928, la Metro Golden Mayer fichó a Adrian Adolph Greenburg, también conocido por Gilbert Adrian. Un auténtico genio de la aguja que con tan solo 25 años el productor y director Cecil B. de Mille se fijó en sus dotes creativas y decidió contratarlo como Jefe de vestuario de los estudios. Durante sus años en la MGM, Adrian fue el responsable del vestuario de más de 200 películas y de prendas icónicas que sin duda, marcaron el destino de muchos de estos largometrajes. Él creó la bata adornada con diamantes de Margarita Gautier en La Dama de las Camelias (1936), los trajes de seda, terciopelo y encaje del siglo XVIII de María Antonieta (1938), o el maravilloso vestido blanco que lució Katherine Hepburn en Historias de Filadelfia (1940).

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Pero sin duda, su obra más recordada será el vestuario de El mago de Oz (1939) y sus inolvidables zapatos de rubíes rojos con los que Dorothy caminaba sobre las baldosas amarillas para llegar a casa. Tac, tac, tac, tres taconeos bastaron para que la pequeña Dorothy descubriera los poderes mágicos de los zapatos y para que, fuera de Oz, se convirtieran en la viva imagen de la inocencia en el mundo del cine. A modo anecdótico, cabe destacar que en el libro original los zapatos eran plateados, pero en el film se decidieron cambiar el color a rojo para aprovechar el nuevo proceso de technicolor descubierto por aquellos años.

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Pero su mayor obra, con la que alcanzó el gran éxito es, curiosamente, una de las menos recordadas: el vestido de Letty Lynton, creado para la película del mismo nombre de 1932. La película estaba protagonizada por Joan Crawford, que para su desdicha, era extremadamente ancha de espaldas, por lo que Adrian se vio en la responsabilidad de disimular ese ‘defecto’. Para ello, creó un asombroso vestido en organdí de color blanco con enormes volantes en los hombros. El diseño triunfó tanto que los almacenes Macy´s de Nueva York se dieron prisa en clonarlo y en pocos días vendieron medio millón de vestidos. Aunque darle todo el mérito al vestido sería un error, ya que la prenda no habría gozado del éxito que tuvo sin el contexto en el que se creó. El motivo más importante fue sin duda la Gran Depresión, ya que tras el hundimiento económico, los estudios de cine dictaron que las estrellas debían vestir de blanco para dar una imagen de esperanza y optimismo.

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Adrian no tuvo ningún Oscar, básicamente porque este premio no se otorgo hasta 1948. Quien sí se lo llevo fue otra de las grandes dentro del diseño de vestuario en el cine: Edith Heath. Y no una, sino ocho veces de las 35 que estuvo nominada en sus 50 años de carrera. ¡Y eso que a ella todo este mundo le llego por casualidad! Sí, Edith era profesora de francés cuando un día con solo 20 años vio un anuncio en el que se solicitaba modista para los estudios Paramont. No se lo pensó dos veces, se presentó y le dieron el trabajo. Allí trabajó como jefa de vestuario hasta 1967 para continuar su trabajo con los estudios Universal. Edith se convirtió en la diseñadora de las estrellas más aclamada del séptimo arte. Bette Davis, Grace Kelly, Audrey Hepburn o Elisabeth Taylor pedían a gritos contar con sus diseños. Aunque de entre sus 1000 trabajos en cine, hay que destacar el tándem artístico que formo con Alfred Hitchcock. Genialidad y estilo se unieron para vestir a una musa de la elegancia como Grace Kelly en películas como La ventana indiscreta (1954) o Atrapa a un ladrón (1955).

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Aunque si hay una asociación que ha pasado a la posteridad, esa fue la de Audrey Hepburn y el modisto Givenchy. Y es que, ¿quién puede olvidar el vestido negro de Givenchy que lució Audrey Hepburn frente a un escaparate de Tiffany’s?, ¿o el modelo blanco y negro que lució en Sabrina?. Fruto de este binomio surgió el icono de Audrey Hepburn como la encantadora Holly Golightly en Desayuno con diamantes (1961). Una imagen tan solo comparable a la protagonizada por Marilyn Monroe y su vaporoso vestido en La Tentación vive arriba (1955). La actriz llevó el concepto del Little Black Dress a otro nivel, gracias a las memorables escenas de la adaptación cinematográfica de la novela de Truman Capote. Y aunque Audrey no coniguiera el premio al que fue nominada por su interpretación en la cinta, desde luego consiguió algo más importante: su imagen se fijaría para siempre en nuestras retinas con su vestido de satén negro azabache, su gran collar de perlas y su pelo recogido con una tiara de diamantes. Cuentan que Audrey se quedo prendada de la pieza al verla en el desfile de la colección del diseñador y quiso contar con la prenda para la película. El director del filme, Blake Edwards, dio el visto bueno al vestido porque le gustaba su escote y encargó tres vestidos idénticos por si había algún problema durante la filmación. Gracias a ello, hay tres piezas iguales en el mundo, de las cuales una está disponible para exposiciones, otra está en manos de Sean Ferrer, hijo de la actriz y una tercera fue donada por el modisto al escritor Dominique Lapierre y subastada en Christie’s el 5 de diciembre de 2006 con fines benéficos, alcanzando la cantidad de 607.720 euros, el precio más alto jamás alcanzado en subasta por una prenda cinematográfica.

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Y de la feminidad de Audrey a la masculinidad de Diane Keaton en Annie Hall (1977). Ropa vintage, pantalones holgados, sombreros, chalecos, corbatas… el look que hoy conocemos como tomboy se lo debemos a este clásico de Woody Allen. Y si hay alguien a quien le debemos uno de los trajes más repetidos en cualquier fiesta de disfraces, es sin duda al look Olivia Newton John en su escena final de Grease (1978). ¿O habéis ido a alguna fiesta donde no haya una pareja disfrazada de Sandy y Danny?

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Los años 90 también nos dejaron vestuarios memorables como el de Julia Roberts en Pretty Woman (1990), los maravillosos vestidos de Kate Winslet en Titanic (1997) o los diseños de Jean Paul Gaultier en El Quinto Elemento (1997), entre muchos otros.

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Ya en nuestro siglo, en 2007 hubo un vestido que dejó boquiabiertas a miles de mujeres: el maravilloso vestido verde de Jacqueline Durran que llevó Keira Knighley en Expiación, considerado por la revista Times como el vestido más deslumbrante de la historia del cine. Por cierto, Jacqueline se llevó el Oscar en la categoría de Mejor Vestuario el pasado año por su excelente trabajo en Anne Karenina.

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Pero no podemos terminar nuestro repaso del affair entre la moda y el cine sin mencionar a los accesorios que se convirtieron en iconos de moda gracias a sus apariciones en la gran pantalla y que arrasaron en ventas debido a ello. Por lo menos, Ray-Ban es claramente la marca de gafas de sol que más veces hemos podido ver en el cine y que, seguramente, más se haya visto beneficiada. Aunque si hablamos de gafas icónicas, esas son las lentes en forma de corazón usadas por Sue Lyon en Lolita (1952) de Stanley Kubrick. Gafas que, curiosamente, sólo aparecen en el cartel promocional de la película. En cuestión de sombreros, sin duda se lleva la palma la boina lucida por Faye Dunaway en Bonnie and Clyde (1967), que llevó a numerosos jóvenes a copiar el estilismo de la película de Arthun Penn y por tanto, poner de moda este característico accesorio. Los guantes de Gilda (1946), el bikini de Úrsula Andress en 007 contra el doctor (1962), las Asics de Kill Bill (2004)… son otros claros ejemplo de accesorios que han pasado a la historia como complementos icónicos en el mundo del cine.

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No queda duda de que el séptimo arte y la moda viven en un romance permanente y este domingo, seguro que nos deja gratas sorpresas dentro y fuera de las pantallas en la 86 Edición de los Oscar. Este año, las cinco películas nominadas a Mejor Vestuario son La gran estafa americana, The Grandmaster, El Gran Gatsby, 12 años de esclavitud The Invisible Woman. Para El Gran Gatsby, Miuccia Prada ha sido la encargada de diseñar las 40 piezas, inspiradas en colecciones de Prada y Miu Miu, con las que Carey Mulligan se transformó en Daisy Buchanan. Michael Wilkinson (300, El hombre de acero, Watchmen) trabajó mano a mano con el director David O. Russell para la creación de los espectaculares diseños de La gran estafa americana. El diseño de la indumentaria para The Grandmaster cuenta con el magnífico profesional de la industria William Chang Suk Ping, que consigue así su  primera nominación a la estatuilla dorada. No obstante, su trabajo es más que conocido en el continente asiático, gracias al diseño artístico de producciones como In the Mood for Love (2000) . El vestuario de 12 años de esclavitud viene de la mano de Patricia Norris, encargada del vestuario de films como Scarface o The Inmigrant. Con ocho semanas para su creación, la diseñadora colaboró ​​con Western Costume para realizar una realista representación del estilo americano de mediados del siglo XIX. Por último, Michael O’Connor es otro de los nominados al Oscar en esta categoría por su impecable trabajo en The Invisible Woman, un premio que ya ganó gracias a sus diseños en La Duquesa (2008) con una guapísima Keira Knightley. 

¿Cuál Ganará? Pronto lo sabremos…

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David Delfín: “Me queda aún mucho que enseñar”

2014-02-17_davidelfin_cibelesDavid Delfín es uno de los artistas más multidisciplinares de nuestras fronteras. Un todoterreno del arte. No le tiene miedo a nada y todo lo que toca lleva impresa su particular forma de entender el mundo, sea cual sea la vía de expresión que utilice. El diseño, el entorno en el que se siente más cómodo, se le quedó chico hace mucho. Es por ello que ha probado suerte con magistral fortuna también desde la fotografía, el trabajo audiovisual, el diseño de programas de televisión como Noche Hache o el álbum de Miguel Bosé, Papito, la dirección artística del corto de Antonia San Juan, V.O., que casi le valió un Goya, así como la ilustración o la interpretación. MalaTinta ha tenido la oportunidad de hablar con este hombre del Renacimiento con motivo de la clausura de la MBFW Madrid, otrora Cibeles, en la que ha presentado sus propuestas de cara a la próxima temporada en No One.

Acaba de finalizar Cibeles ¿Qué balance hace de esta última edición?

En principio estoy contento porque todo ha estado en su sitio. Todo salió un poco como lo esperábamos. Pero para hacer un balance yo te diría que prefiero esperar unos tres o cuatro meses y ver el resultado. Cuando produzcamos la colección, cuando se venda, cuando llegue a los puntos de venta, viendo si la gente se muestra interesada, si sale en las editoriales de moda, si tiene apoyo a todos los niveles. Ese es el momento en el que voy a valorar el éxito o no de la colección y veré si el trabajo está bien o no. Porque hay colecciones que se valoran mucho, pero luego no tienen ninguna repercusión y realmente yo prefiero lo contrario, que digan que mi trabajo es una mierda, pero que luego se venda bien.

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Ha sorprendido este año rompiendo la armonía del blanco negro con derroche de colores llenos de vida…

Llevo una racha que me gusta hacerlo así, que la base es blanca y negra y al final el desfile rompe con color. Me divierte mucho eso. Me gusta introducir un golpe de color, complementos de látex, etcétera.

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Su debut en Cibeles en el año 2002 vino seguido de una gran polémica por colocar capuchas a sus modelos ¿Qué ha sido de ese joven David Delfín?

Yo creo que la esencia está ahí. Considero que sigo siendo el mismo, pero obviamente han pasado años y la vida te transforma. Además yo me dejo tocar por todas las cosas que me gustan, que me emocionen, que me hacen sentir. Veo una película que me vuelve loco y siento que me transforma por dentro. Exactamente el mismo no soy, pero en lo esencial sí.

Entonces, ¿Qué ha ganado con los años?

He ganado experiencia, básicamente. Que no sé si eso sirve para algo la verdad (risas). A veces pienso que está sobrevalorada la experiencia, pero en este trabajo he aprendido muchísimo y no tienen nada que ver lo que se hacía antes a lo que se hace ahora a nivel técnico, patronaje, los tejidos. Además me parecen interesantes las nuevas tecnologías aplicadas al diseño, la incorporación de las redes sociales a nuestra forma de trabajar, todo esto ha supuesto un cambio radical.

Pero no todo en su vida será trabajo… ¿Dónde sale David Delfín cuando no es el artista sino simplemente un colega más?

El diseñador junto Alaska y Mario Vaquerizo (Instagram)

La verdad es que llevo una temporada que no me apetece salir mucho. Estoy en una racha muy perra. Me encanta estar en casa, disfrutar un poco más en tranquilidad. Quizá tenga algo que ver la edad, ya tengo 43 años. Hace tiempo sí que estaba deseando que llegase el fin de semana para volverme loco y ahora sólo pienso en descansar. Con tantos viajes y proyectos mi vida a veces es frenética y a veces me apetece tirarme en el sofá y chuparme series por un tubo, ahora estoy súper enganchado a Breaking Bad y a American Horror Story. La que se avecina es una serie que también me gusta mucho. No tengo la paciencia suficiente para seguirla semanalmente, así que espero a que termine para comprarme la temporada enterar y tragármela en un finde.

Moda, fotografía, trabajo audiovisual, music selector, diseño de programas de televisión, dirección artística en cine, ilustración. Ha tocado casi todos los palos en el arte, pero aún le queda probar suerte como cantante ¿Cómo se defiende con la voz?

Tengo oído, pero no creo que cante bien. Estudié dos años de solfeo y piano cuando tenía 13 ó 14 años, pero como un hobby, y de ahí tengo oído. Lo dejé porque comencé a trabajar muy pronto. Yo tengo la sensación de que me queda todavía mucho por hacer y por enseñar, pero escuchándote parece que ya no me queda más que hacer, pero no lo creo así. Me gusta pensar que tengo un espíritu del Renacimiento, me considero un tío inquieto y creo que no sólo se tiene que utilizar un solo soporte para comunicar lo que sentimos, sino me sentiría muy limitado. La moda es mi lugar, pero ya ves me encanta hacer cosas de diseño gráfico, de pintura…

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¿Pero siempre ha tenido claro que quería dedicarse al arte?

Sí. Siempre me ha encantado esto. Pintar sobretodo. Cuando me vine en el año 1989 a Madrid fue porque quería trabajar como actor. De hecho estuve trabajando diez años en una compañía de teatro. En cine he hecho pocas cosas, pequeñas apariciones como en la película de Berlanga Todos a la cárcel, en la que hacía de travesti. También he tenido una pequeña colaboración en Perdona bonita pero Lucas me quería a mí.

¿Cómo vivió su familia y su entorno su vocación artística?

Tengo un montón de amigos cantantes, modelos, actores, directores de cine y son vidas muy paralelas a la mía y por eso entre mis amigos lo vivo con bastante naturalidad. Mi familia la siento muy cerca, me transmiten mucho cariño y orgullo. Mi madre y mi hermana desde Marbella están siempre fascinadas con mi trabajo. Pero yo creo que al principio pensaban que se me pasaría la moda de ser artista y sobre todo los primeros años, que estaban deseando que me volviese con ellas a Marbella y dejase de dar tumbos, pero con el tiempo, la perseverancia y el trabajo han visto que he conseguido vivir de lo que me gusta y ahora están súper orgullosas y para mí eso lo es todo.

‘Be water my friend. Be film’

El agua, ese elemento imprescindible para que haya vida. La tierra está formada por un 71% de agua y un ser humano adulto por cerca de un 65%.

Todos somos conscientes de que el agua es necesaria para vivir, pero también sabemos que no todos disponen de ella y que su acceso, en muchos casos, es limitado. Es por este motivo que la fundación We are water, de la empresa Roca, pone en marcha su film festival en su segunda edición.

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Este año, tiene como temática la problemática del acceso al agua y el saneamiento de la misma. Existen tres modalidades para participar: cortometraje (ficción o documental), animación y, como novedad, la modalidad Instagram donde los noveles cineastas pueden difundir el mensaje de la fundación a través de esta red social mediante un hashtag.

3Aunque hay tres categorías, los concursantes pueden optar a ganar 4 premios que van desde los 2500€ y una cámara de video, hasta 1000€ en material audiovisual. El jurado esta formado por profesionales del medio audiovisual del nivel de Agustí Villaronga, director de cine y poseedor de 9 Goyas, la vicepresidenta de la Academia de Cine, Judith Colell, o el actor Ginés García, entre otras muchas personalidades del mundo del cine que deciden tres de los ganadores. El cuarto premio es otorgado por el público a través de los “likes” obtenidos en las redes sociales.

Los trabajos se pueden presentar hasta el próximo 31 de marzo y se pueden consultar las bases del concurso aquí.

Cuando el miedo al olvido se convierte en arte

El arte sirve como vehículo de expresión, catarsis, dolor y muchos artistas han hecho uso de él, David Catá es uno de ellos. Artista con residencia en Viveiro (Lugo) nos intenta transmitir el cómo las personas influyen en nuestras vidas, conformando nuestra propia existencia. Una existencia determinada por un entorno cambiante que en ocasiones distorsiona nuestra propia percepción de la realidad, conformando una única realidad común.

Con su controvertido trabajo A flor de piel, Catá a conseguido llamar la atención de toda la comunidad artística, ya que un hilo y una aguja sirven de conductores en la obra de este joven, “el dolor no es frontera, es red que sostiene a los involucrados en un acto afecto”, sostiene el propio Catá. El coserse sirve de metáfora a las huellas permanentes que nos dejan las personas que queremos, “sus vidas se han entretejido con la mía para construir mi historia, una historia que finalizará cuando me quedé sin hojas sobre las que escribir.”

Un proceso laborioso y doloroso que realiza gracias a pequeñas fotografías de familiares y sobre ellas reconstruye los rostros con hilo de varios colores. Su lienzo es la superficie de la palma de su propia mano, consiguiendo no hacerse ningún tipo de heridas, sino que al terminar y fotografiar el trabajo, éste queda limpio y simplemente unas pequeñas marcas en la mano. Su trabajo se basa en la performance que más tarde fotografía o graba en video. Una performance que para muchos es un acto cruel y horrible, como él mismo sostiene: “Para algunas personas puede resultar violento, pero mi intención no es esa. (…) Detrás de esta acción hay un acto de cariño hacia la persona que retrato”.

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En su anterior obra Ni Conmigo Ni Sin Mi ya avistábamos un Catá emocional, dolido y expresivo que deseaba mostrar los problemas de las relaciones personales. Una obra con recuerdos a una violencia de género y a un egoísmo, por el querer y no querer, por el cambio y por el dolor a la pérdida.

Una obra que permite a Catá, que mediante su cuerpo, llevar a cabo un proceso de exteriorización del olvido, preservando los recuerdos. Unos recuerdos que se resisten al pasado y que permanecen latentes en la memoria del artista.

Jose Luis Serzo: el pintor que contaba historias

Pocos artistas se atreven a convertir su obra en un auténtico periplo de la vida. Pintura, vídeo, fotografía, videoinstalación, cientos de formas, maneras y técnicas, en las que Jose Luis Serzo es capaz de mostrar una “realidad” enmascarada bajo un relato que nada tiene que envidiar a los grandes de la literatura fantástica. Creador de historias que llevan al espectador a cuestionarse el periplo de la vida. Obras que bajo una máscara de irrealidad infantil, obligan al espectador a hacerse la temida pregunta. ¿Todo ha merecido la pena?.

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Deconstrucción culinaria: cambiar para que siga igual…

“Si queremos que todo siga igual, es preciso que todo cambie”. Esta frase extraída de ‘El Gatopardo’ de Giuseppe Tomasi di Lampedusa es idónea para intentar degustar a través de las palabras la ‘deconstrucción’ culinaria. Tan admirada como odiada, innovadores y tradicionalistas pugnan por determinar sus bondades y su osadía al traspasar los límites.

Jacques Derrida fue el filósofo que postuló el término ‘deconstrucción’. Íntimamente ligado a los campos de la crítica literaria y la lingüística, hace referencia a las estructuras que forman un elemento. Si bien es difícil definir en pocas palabras en qué consiste, sí es posible establecer una relación con su aplicación a la gastronomía ya que si ésta trata de mostrar una idea a partir de su historia y la retórica que lo envuelve, es posible entender qué pretendía Ferrán Adriá al incorporarlo a la gastronomía.

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Este reconocido chef del que ya hemos hablado en varias ocasiones -ya que su nombre viene ineludiblemente ligado a la innovación- busca jugar con la memoria gustativa. La deconstrucción logra reconvertir y descomponer los sabores que resuenan en nuestra memoria.

Sabores y texturas se reinventan para buscar nuestros recuerdos culinarios y sensoriales en relación a una receta que sería perfectamente reconocible en su estructura habitual pero que ahora se deconstruye para  ofrecernos una alternativa original, estimulante y sorprendente. El propio Adriá ha explicado en varias ocasiones que esta idea pretende la descomposición de las recetas tradicionales, si bien este término no parecía muy adecuado para hablar de gastronomía por lo que se acuñó el término ‘deconstrucción’ para descomponer platos conocidos para que, al probarlos, se reconociera el sabor original.

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Creatividad y tradición se mezclan en la deconstrucción ya que añade nuevas texturas a las propuestas habituales de modo que, partiendo del respeto a los ingredientes ya conocidos, transforma estos platos a través de gelatinas, líquidos, crujientes, temperatura…  para intensificar su sabor.

El degustador de un plato deconstruido no podrá reconocer visualmente la receta hasta que el gusto, una vez pruebe esta delicatessen, y su memoria gustativa y sensorial hagan resonar en su interior el sabor original reiventado para ocultarse ante sus ojos.  Se trata de una experiencia gastronómica en la que participan todos los sentidos y que proporciona un exquisito placer a nuestro paladar  al evitar que la vista delate los sabores que esperamos al recurrir a nuestras experiencias previas.

Precisamente por este motivo son las recetas tradicionales las más tentadoras de recomponer bajo este estilo. Si bien se adjudica su creación a Adriá, lo cierto es que la ‘tortilla de patata deconstruida’ surgió a manos del cocinero Marc Singla. No obstante, son muchas las recetas que se reinventan a diario bajo el ingenio de innovadores chefs y apasionados culinarios.

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Tortilla de patata con patatas chips y huevos de codorniz, paella, huevos a la flamenca, sushi, sashimi, tarta Selva Negra, cocido, empanada de chipirón, pizza, tarta Red Velvet, ternera Wellington… las fotos hablan por sí mismas. Esta revolución gastronómica ha permitido la reinvención de suculentos platos bajo un nuevo prisma pero desde el mismo sabor. ¿Tortilla de patata tradicional o deconstruida? ¿Conservas o innovas? ¿Qué prefieres?

 

De la serie al cómic, transformación de un formato

Cuando una serie es cancelada ni muere, ni se destruye, sólo se transforma en recuerdo o como esta surgiendo últimamente, en cómic.

Son muchas las series que se cancelan al año; series que llevaban años en emisión y que han agotado los argumentos y merecen un digno final, series que no han tenido el éxito y la repercusión esperada o series que, no teniendo un share elevado, mantienen una legión de fieles seguidores pero que, para las cadenas de televisión, no les son rentable su emisión. 

Cuando esto sucede, muchos productores y creadores, destruyen el universo creado alrededor de la serie y es absorbido por el agujero negro del olvido televisivo. En cambio, desde hace unos años, muchos creadores han optado por tomar un camino hasta ahora no recorrido, llevar sus series al lápiz, papel y a los colores, al cómic.

Estamos acostumbrados a ver en la cartelera del cine adaptaciones de cómics: SpiderMan, IronMan, The Avengers éxitos taquilleros que han dado a la industria de Hollywood grandes fortunas. Desde hace poco tiempo, estos cómics se han ido adaptando también a la televisión; el fallido piloto de WonderWoman o Marvel’sAgents of S.H.I.E.L.D, pero nunca había sido a la inversa: continuar una trama donde había finalizado en televisión a través del cómic.

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Podemos encontrar el germen de esta nueva forma de explotación del contenido de una serie, en los cómics que se editaban en los años 70 y 80 a través de los éxitos de emisión de esa época, como es el caso de Bonanza o KinghtRider, que contaban con tramas paralelas y sin continuación o relevancia con la que se estaba proyectando en los televisores. Aunque hay decir que la primera serie en lanzarse a la aventura en el mundo de la historieta fue la saga StarTrek donde, a parte de la serie de televisión y las películas, tuvieron su infinidad de series y líneas argumentales en versión papel.

Pero no fue hasta mayo del 2008 que Joss Whedon, productor de la serie BuffyCazavampiros se decidió, 5 años después de su cancelación, a continuarla en viñeta satisfaciendo a los fans que se mantenían impacientes por los rumores de una nueva temporada o una película.

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En esta adaptación-continuación, los dibujos corren a cargo de George Jeanty, encargado anteriormente de varias series de Linterna Verde y Superman entre otros y bajo la producción y  del mismo Whedon, Buffy continuó su trama allá dónde había acabado bajo la piel de Sarah Michelle Gellar, Alyson Hannigan y toda la “scooby banda”.

Según palabras del mismo creador: “en el cómic se puede abordar temas que en televisión no se podrían tocar ya que se tiene un presupuesto muy reducido (el presupuesto medio de cada capítulo de la serie era de 2.300.000 €) y en el cómic se reduce sustancialmente”.

Pero no es la única serie del mismo productor que ha seguido sus temporadas en cómic, series como Ángel y Firefly, esta última serie de culto y cancelada en mitad de la primera temporada, han ocupado los primeros puestos de las lista de ventas de cómics a nivel internacional y han creado un universo con varios spinoff.

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Tras esta estratégica decisión, muchas otras series como Smallville o Supernatural, todavía en emisión, han seguido sus pasos y a día de hoy mantienen una regularidad en papel o como la mítica X-Files que ha iniciado la andadura de su décima temporada en viñeta.

Pero no sólo las seres scifi han sido las únicas en salir en papel, series como Sons of Anarchy también han tenido su proyección en este medio utilizando a personajes protagonistas y creando historias que, en televisión o bien, no hubieran tenido cabida o su producción hubiera estado muy limitada por temas económicos.

Siempre se había estrechado el círculo entre cine y televisión, abriéndose al mundo de internet, ahora se ha comprobado que existen más vías de expansión para que un producto pueda ampliar su propio mundo, expandirse y no limitarse a la televisión. 

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